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España antes del boom de la urbanización: así ha cambiado el paisaje desde 1956

07/10/2026
Comparativa del paisaje de España en 1956 y en la actualidad tras décadas de transformación del territorio

El paisaje que vemos hoy cuando recorremos España puede parecer permanente, pero muchas de sus formas actuales son relativamente recientes. Aeropuertos, puertos, urbanizaciones turísticas, grandes zonas agrícolas, carreteras, cauces canalizados y embalses han modificado en apenas unas décadas territorios que a mediados del siglo XX tenían una configuración muy distinta.

Índice

Una de las mejores herramientas para observar ese cambio es el Vuelo Americano Serie B de 1956-1957. Sus fotografías aéreas permiten retroceder unos 70 años y comparar el mismo lugar con las ortofotos actuales del Plan Nacional de Ortofotografía Aérea (PNOA). Aunque no es una comparación perfecta entre una “España natural” y otra “artificial”: en 1956 ya existían ciudades, campos agrícolas, presas, industrias y numerosos paisajes modificados por siglos de actividad humana; sí ofrece una referencia excepcional justo antes de muchas de las grandes transformaciones territoriales de la segunda mitad del siglo XX.

En este artículo, hemos seleccionado 15 lugares de España donde el cambio se entiende especialmente bien desde el aire. Hay humedales drenados, marismas convertidas en arrozales, ríos desviados o canalizados, dunas ocupadas por el turismo, terrenos ganados al mar y valles que hoy permanecen bajo grandes embalses. En cada caso, la comparación se plantea con el mismo encuadre aproximado entre la ortofoto histórica y la imagen actual, pero las explicaciones se apoyan además en documentación oficial e institucional.

El Vuelo Americano permite observar cómo era España antes de las grandes transformaciones territoriales

El llamado Vuelo Americano Serie B fue realizado por el Army Map Service de Estados Unidos entre enero de 1956 y noviembre de 1957, dentro de los acuerdos de colaboración entre España y Estados Unidos. Según el Instituto Geográfico Nacional (IGN), cubrió la totalidad de la España peninsular y las Islas Baleares. Hoy sus ortofotos históricas pueden consultarse y descargarse a través del Centro Nacional de Información Geográfica y compararse con las series modernas del PNOA.

Dicha comparación nos permite ver antiguos cauces, superficies intermareales, sistemas de dunas, parcelas agrícolas previas a grandes concentraciones parcelarias, valles anteriores a una presa o humedales pocos años antes de su desecación. No obstante, la clave es interpretar correctamente lo que aparece en la fotografía: una parcela sin edificios no tiene por qué ser un ecosistema natural, del mismo modo que un espacio actualmente verde puede ser el resultado de una restauración reciente.

La siguiente tabla resume lo que nos podemos encontrar en las comparaciones fotográficas:

Tipo de paisaje Cambios que pueden observarse
Humedales y marismas Drenajes, rellenos, cultivos, infraestructuras y restauraciones posteriores
Ríos Desvíos, canalizaciones, pérdida de riberas y recuperación de corredores fluviales
Costa Urbanización turística, puertos, rellenos y modificación de sistemas dunares
Ciudades Expansión residencial, industrial, viaria y logística
Valles Inundación por embalses y traslado de núcleos de población

Humedales y marismas reducidos, drenados o transformados

Los humedales son especialmente sensibles a los cambios de uso del suelo porque dependen de una relación muy concreta entre agua, sedimentos, vegetación y relieve. Drenar una marisma, levantar un dique, construir una carretera o alterar un estuario puede modificar esa relación aunque parte del espacio continúe pareciendo visualmente “verde”. Además de albergar una elevada biodiversidad, estos ecosistemas intervienen en la regulación hídrica, la retención de nutrientes y el funcionamiento de las zonas costeras.

A continuación, vamos a ver ejemplos de humedales y marismas transformados o alterados de alguna manera en España.

Delta del Llobregat: un delta atravesado por algunas de las mayores infraestructuras de Barcelona

En la ortofoto de 1956, el sector del delta del Llobregat todavía muestra extensos espacios agrícolas y abiertos, humedales litorales y una desembocadura cuya configuración era distinta a la actual. Cabe indicar que el delta ya llevaba siglos transformándose mediante agricultura y ocupación humana, por lo que sería incorrecto describirlo como un territorio completamente virgen.

La comparación actual revela, sin embargo, una escala de ocupación muy superior. El aeropuerto de Barcelona-El Prat, el puerto, las zonas logísticas, las carreteras, los ferrocarriles y los tejidos urbanos e industriales forman hoy un mosaico muy denso. La propia Àrea Metropolitana de Barcelona describe el delta como un espacio profundamente transformado en el que conviven lagunas, pinares y playas con agricultura, ciudades y grandes infraestructuras. El tramo final del Llobregat fue, además, desviado y canalizado para aumentar su capacidad hidráulica y facilitar la ampliación portuaria y logística.

Sin embargo, no “todo desapareció”. En el margen derecho sobreviven humedales, pinares y playas protegidas, junto al Parc Agrari del Baix Llobregat. Precisamente por eso, la imagen resulta tan clara para entender la fragmentación de hábitats: pequeños espacios naturales de gran valor quedan rodeados por usos muy distintos.

Comparativa del delta del Llobregat en 1956 y en la actualidad mostrando su transformación por infraestructuras

Txingudi y Plaiaundi: de marisma degradada a un espacio parcialmente restaurado

En la bahía de Txingudi, en la desembocadura del Bidasoa, la fotografía histórica permite reconocer marismas y superficies estuarinas en un entorno mucho menos ocupado. A lo largo del siglo XX, la presión urbana y las infraestructuras redujeron y degradaron buena parte de estos ambientes.

Plaiaundi es especialmente interesante porque la historia no termina en la pérdida. El Gobierno Vasco señala que esta antigua marisma sufrió rellenos y usos marginales durante el último tercio del siglo XX, pero fue restaurada en 1998. La actuación recuperó alrededor de 24 hectáreas mediante un mosaico de marisma alta y baja, lagunas de agua dulce, prados húmedos, setos y vegetación de ribera. Txingudi es hoy un humedal Ramsar y continúa sujeto a proyectos de mejora de conectividad y restauración.

Por ello, en este caso, el antes y después no debe interpretarse simplemente como “marisma frente a ciudad”, sino que hay una secuencia más compleja: transformación, degradación y recuperación parcial de funciones ecológicas en medio de un territorio muy urbanizado.

Comparativa de las marismas de Txingudi y Plaiaundi entre 1956 y la actualidad

Isla Mayor: la transformación de la marisma en un gran paisaje agrícola

Las marismas del Guadalquivir demuestran que la transformación del paisaje no siempre tiene forma de edificios. En Isla Mayor, la gran modificación fue agrícola e hidráulica. La colonización y desecación de sectores de marisma había comenzado antes de 1956 y, de hecho, la ortofoto histórica ya muestra parcelas transformadas junto a áreas que conservaban rasgos marismeños.

La Junta de Andalucía documenta cómo la transformación se consolidó durante las décadas de 1940 y 1950 mediante diques, canales de drenaje, estaciones de bombeo, carreteras y parcelación. El arroz se convirtió en el uso dominante y, en fotografías posteriores, la antigua marisma aparece organizada en grandes tablas agrícolas geométricas.

Este ejemplo obliga a mirar más allá de la urbanización. Cambiar el régimen del agua, desalar y drenar suelos, construir colectores y convertir una superficie inundable en arrozal, supone también una transformación profunda del ecosistema, aunque desde el aire siga predominando el color verde.

Comparativa de las marismas del Guadalquivir e Isla Mayor en 1956 y en la actualidad

Resumen de los cambios que acabamos de ver

Lugar Paisaje hacia 1956 Transformación principal Situación actual
Delta del Llobregat Delta agrícola y húmedo ya humanizado Puerto, aeropuerto, logística y redes de transporte Mosaico muy fragmentado con espacios naturales protegidos
Txingudi-Plaiaundi Marisma y estuario menos urbanizados Rellenos, usos urbanos e infraestructuras Sectores restaurados dentro de una bahía muy ocupada
Isla Mayor Marisma en proceso de transformación agraria Drenaje, diques, canales y arrozal Gran paisaje agrícola estructurado hidráulicamente

Lagunas y grandes humedales que prácticamente desaparecieron

En otros lugares, el cambio no consistió principalmente en construir sobre el humedal, sino en eliminar o reducir drásticamente la lámina de agua y transformar el terreno para uso agrícola. Antela y La Janda son dos ejemplos especialmente claros.

Laguna de Antela: de uno de los grandes humedales ibéricos a la llanura agrícola de A Limia

Esta es una comparación de las más potentes porque el Vuelo Americano captó la zona justo antes de la desecación definitiva. La antigua laguna de Antela ocupaba una gran depresión de la comarca ourensana y variaba mucho según la estación, de modo que no conviene atribuirle una única superficie exacta sin especificar si se habla de lámina permanente, máxima inundación o conjunto de terrenos húmedos.

La Confederación Hidrográfica del Miño-Sil explica que la desecación para uso agrícola modificó profundamente la red hidrográfica de la cuenca media del Limia: se canalizó y rectificó el río y se construyeron numerosos canales de desagüe, con pérdida de llanuras aluviales originales. Documentos de la Xunta de Galicia sitúan las obras principales de desecación entre 1958 y 1963.

Hoy la imagen está dominada por parcelas agrícolas, caminos y canales rectilíneos. Algunas antiguas áreas húmedas y meandros han sido objeto de proyectos de recuperación, pero el sistema original no existe con la extensión y funcionamiento que tenía antes de las obras.

Comparativa de la laguna de Antela en 1956 y del paisaje agrícola actual de A Limia

Laguna de La Janda: un gran sistema inundable convertido principalmente en tierras de cultivo

La Janda, en Cádiz, fue uno de los mayores sistemas húmedos interiores de la península. La propia Junta de Andalucía describe la antigua laguna como un humedal de más de 4.000 hectáreas, aunque otras fuentes utilizan cifras mayores cuando incluyen el conjunto de áreas inundables conectadas; por eso es preferible evitar una única cifra presentada como límite exacto del ecosistema.

Durante el siglo XX se ejecutaron obras de desecación y drenaje para transformar gran parte del territorio en suelo agrícola. En la ortofoto histórica todavía se reconoce la lógica de una gran depresión húmeda, mientras que en la actualidad predominan campos de cultivo, canales y obras de evacuación y regulación del agua.

Sin embargo, el humedal no ha perdido todo su interés ecológico: la zona continúa acogiendo una destacada avifauna y existen iniciativas de restauración de sectores concretos. Pero la comparación aérea deja muy clara la magnitud del cambio de uso del territorio.

Comparativa de la laguna de La Janda en 1956 y los terrenos agrícolas actuales

Resumen de los ejemplos de cambios del paisaje que acabamos de ver

Humedal Qué había en 1956 Qué ocurrió Qué ocupa actualmente el espacio
Antela Laguna y terrenos inundables Desecación, canalización y concentración agrícola Parcelas agrícolas, drenajes y humedales relictos
La Janda Gran depresión lagunar e inundable Drenaje y transformación agraria Agricultura, canales y áreas inundables residuales

Ríos transformados por el crecimiento de las ciudades y las grandes obras

Los ríos urbanos han sido rectificados, canalizados, desviados y usados históricamente como receptores de vertidos. En muchos casos, estas actuaciones respondieron a necesidades reales de protección frente a inundaciones, saneamiento o crecimiento urbano, pero también modificaron cauces, riberas y conectividad ecológica.

Veamos, a continuación, ejemplos de ríos transformados en nuestro país.

Río Turia: el río que dejó su cauce histórico y dio lugar a un corredor verde

En 1956 el Turia todavía atravesaba Valencia por el cauce histórico que hoy ocupa uno de los parques urbanos más conocidos de España. La gran riada del 14 de octubre de 1957 aceleró una transformación que cambiaría por completo la geografía de la ciudad: el Plan Sur construyó un nuevo cauce al sur para reducir el riesgo de futuras inundaciones. Por ello, el antiguo lecho quedó sin la función fluvial original. Durante años se planteó utilizarlo para grandes infraestructuras viarias, pero la movilización ciudadana a favor de un espacio verde terminó conduciendo a su conversión en el Jardín del Turia.

Por eso, este caso contiene dos transformaciones distintas: la desviación de un río y, posteriormente, la creación de un enorme corredor verde sobre su antiguo recorrido.

La comparación de 1956 con la actualidad permite ver literalmente el río sustituido por jardines, instalaciones deportivas y equipamientos urbanos. Es una modificación profunda, pero no puede resumirse simplemente como pérdida ambiental: el antiguo cauce es hoy también una pieza fundamental de la infraestructura verde valenciana.

Comparativa del antiguo cauce del río Turia en Valencia en 1956 y el Jardín del Turia actual

Río Besòs: de corredor industrial degradado a parque fluvial

En el tramo final del Besòs, entre Barcelona, Santa Coloma y Sant Adrià, la expansión urbana e industrial del siglo XX dejó el río encerrado entre infraestructuras y sometido a una fuerte contaminación. La Diputación de Barcelona recuerda que durante décadas llegó a ser percibido prácticamente como una alcantarilla.

La situación empezó a cambiar con las políticas de saneamiento de los años ochenta y, especialmente, de los noventa. En 1995 varios municipios impulsaron conjuntamente la recuperación ambiental del tramo final, que acabó dando lugar al actual Parc Fluvial del Besòs. Este es otro ejemplo de que la transformación territorial puede tener fases de degradación y de recuperación sucesivas.

La ortofoto actual sigue mostrando un cauce fuertemente encajado dentro del tejido metropolitano, pero también un espacio recuperado para la vegetación, el uso ciudadano y parte de las funciones fluviales.

Comparativa del río Besòs y su entorno urbano entre 1956 y la actualidad

Resumen de los ríos transformados de España que acabamos de ver

Río Situación histórica Transformación Situación actual
Turia Cauce atravesando Valencia Desvío mediante el Plan Sur Nuevo cauce al sur y Jardín del Turia en el antiguo
Besòs Corredor fluvial en rápida industrialización Canalización, contaminación y posterior saneamiento Parque fluvial dentro del área metropolitana

Playas y dunas: antes y después del desarrollo turístico

La segunda mitad del siglo XX cambió profundamente numerosos tramos del litoral mediterráneo. El crecimiento del turismo de masas necesitó carreteras, hoteles, apartamentos, puertos deportivos, aparcamientos, redes de saneamiento y otros servicios que ocuparon espacios costeros anteriormente poco construidos.

A continuación, tenemos ejemplos de playas y dunas españolas alteradas o transformadas:

La Manga del Mar Menor: de cordón litoral poco ocupado a ciudad turística lineal

La Manga ofrece probablemente una de las comparaciones visuales más contundentes. En los años cincuenta era un estrecho cordón arenoso con muy pocas construcciones. Los archivos de la Región de Murcia conservan fotografías que documentan el rápido proceso urbanizador desde mediados de los sesenta, y el planeamiento parcial de La Manga se desarrolló durante esa misma década.

En la actualidad, gran parte de la barra está recorrida por una carretera y ocupada por hoteles, apartamentos, viviendas, puertos deportivos y aparcamientos. Entre estos usos sobreviven sectores dunares de enorme valor ecológico. El MITECO mantiene actualmente proyectos para restaurar dunas y proteger especies como la esparraguera del Mar Menor, cuya principal amenaza en este entorno es precisamente la urbanización del cordón litoral.

La imagen de 1956 frente a la actual permite entender qué significa transformar un paisaje costero a escala territorial: no se trata de un solo edificio, sino de sustituir progresivamente la continuidad de un sistema arenoso por una estructura urbana casi lineal.

Comparativa de La Manga del Mar Menor antes de su urbanización y en la actualidad

Benidorm: del pequeño núcleo costero a la ciudad turística vertical

Benidorm era ya un núcleo habitado y sus alrededores estaban dedicados a actividades rurales, por lo que sería incorrecto describir todo el terreno sin edificios como naturaleza intacta. Sin embargo, el contraste entre 1956 y la actualidad muestra con enorme claridad el salto de escala urbana.

El Ayuntamiento de Benidorm sitúa en 1956 la aprobación de su primer Plan General, pieza clave para orientar el municipio hacia el turismo. Durante los años siguientes, avanzaron la urbanización de la playa de Levante, las grandes avenidas y el modelo de edificación en altura. La población pasó de 2.726 habitantes en 1950 a más de 6.000 en 1960, mientras la oferta turística crecía rápidamente.

La comparación aérea sirve aquí menos para hablar de un ecosistema concreto desaparecido y más para visualizar cómo un paisaje rural y litoral se convirtió en una gran ciudad turística. También recuerda por qué hay que evitar equiparar automáticamente “sin urbanizar” con “natural”.

Comparativa de Benidorm en 1956 y en la actualidad tras su gran expansión urbana

Bosques, dunas y espacios naturales ocupados por infraestructuras

Los cambios del paisaje español no se limitaron a humedales, ríos o zonas agrícolas. En muchos sectores costeros, la expansión urbana y turística también afectó a dunas, pinares, matorrales y otros espacios naturales que actuaban como transición entre el mar y el interior. Carreteras, edificios, paseos marítimos, aparcamientos y otras infraestructuras fueron ocupando y fragmentando estos ambientes, alterando su continuidad y, en algunos casos, modificando directamente la dinámica natural de la costa.

Estos ecosistemas cumplen además funciones importantes. Las dunas ayudan a retener arena y amortiguar la acción del viento y del oleaje, mientras que la vegetación costera estabiliza el terreno y proporciona refugio a numerosas especies. Cuando estos sistemas se reducen o quedan divididos en pequeños fragmentos, su capacidad para mantener esas funciones también puede disminuir. La Devesa de El Saler, junto a l’Albufera de Valencia, es uno de los ejemplos más claros de cómo un espacio natural costero puede pasar por una fase de fuerte presión urbanística y, posteriormente, por un proceso de restauración ecológica.

Devesa de El Saler: urbanización, movilización ciudadana y restauración posterior

La Devesa de El Saler permite contar una historia especialmente completa. En los años cincuenta, el pinar, las dunas, las malladas o depresiones interdunares y otros hábitats costeros estaban mucho menos fragmentados. A partir de los años sesenta, comenzó un proyecto urbanizador ligado al auge turístico de Valencia.

La documentación municipal de l’Albufera explica que el proyecto contempló torres de apartamentos, carreteras, paseo marítimo, urbanizaciones, hoteles, campo de golf y otras instalaciones. El primer cordón dunar fue arrasado en buena parte, algunas malladas se rellenaron y el sistema interior quedó fragmentado por edificios e infraestructuras.

La movilización conocida como El Saler per al poble contribuyó a frenar el proceso y, desde los años ochenta, la gestión cambió hacia la conservación. Entre 1997 y 2000 se demolieron tramos del antiguo paseo marítimo y se reconstruyó parte del cordón dunar, entre otras actuaciones.

Por eso la ortofoto actual no representa simplemente el resultado de la urbanización: también contiene décadas de restauración ecológica.

Además, este caso es útil para evitar otra simplificación: que en una fotografía de 1956 aparezca un pinar no permite concluir que España en conjunto tuviera entonces más superficie forestal que ahora. La evolución forestal nacional depende del abandono agrario, repoblaciones, incendios, cambios de uso y muchos otros procesos. Aquí hablamos de un espacio costero concreto y bien documentado.

Comparativa de la Devesa de El Saler en 1956 y en la actualidad

Cuando la ciudad avanzó sobre el mar: rellenos y nuevas líneas de costa

Algunas de las transformaciones más fáciles de reconocer desde el aire son aquellas en las que el suelo actual simplemente no existía como tierra firme en 1956. Puertos y zonas logísticas han ampliado históricamente sus superficies mediante rellenos, diques y explanadas construidas sobre áreas marinas o estuarinas.

Bouzas: grandes superficies portuarias donde antes estaba la ría de Vigo

La costa de Bouzas conserva todavía su antiguo núcleo marinero, pero frente a él, el paisaje ha cambiado de forma radical. La documentación histórica del Puerto de Vigo sitúa en 1976 el inicio de la construcción de la nueva terminal de transbordadores, momento a partir del cual el área entró en una transformación portuaria de gran escala.

Hoy el área portuaria de Bouzas supera las 860.000 m² y alberga, entre otras instalaciones, una enorme terminal Ro-Ro especializada en vehículos. En una comparación con el Vuelo Americano es posible reconocer superficies actuales de explanada, dársenas y muelles que en la década de 1950 formaban parte del agua de la ría.

No conviene dibujar una “antigua línea de costa” exacta sin realizar una medición cartográfica específica. La fotografía sí permite, en cambio, afirmar con seguridad qué grandes sectores actuales eran entonces agua y observar cómo el frente marítimo se desplazó hacia el interior de la ría.

Comparativa de la costa de Bouzas en Vigo en 1956 y las actuales superficies portuarias ganadas al mar

Raos: la transformación del fondo de la bahía de Santander

En Santander, la expansión portuaria también se desplazó hacia zonas de marisma y superficies estuarinas. El área de Raos se convirtió en el nuevo gran núcleo operativo del puerto durante la segunda mitad del siglo XX. Documentos ambientales municipales describen el fondo de la bahía como una amplia zona de marismas que, en gran parte, fue desecada mediante rellenos para actividades industriales, comerciales y portuarias.

Los primeros grandes muelles de Raos entraron en servicio en los años ochenta y las ampliaciones posteriores añadieron espigones, explanadas, accesos y terminales. La ortofoto actual muestra un frente costero muy diferente al de 1956, cuando todavía eran reconocibles amplias superficies intermareales y una geometría de costa mucho menos artificializada.

La transformación continúa hoy, aunque en un espacio ya portuario: la Autoridad Portuaria sigue ampliando y reorganizando muelles y zonas logísticas. La comparación histórica permite distinguir entre esa evolución reciente dentro del puerto y la transformación original de marisma y bahía en suelo operativo.

Comparativa de Raos y la bahía de Santander entre 1956 y la actualidad mostrando los rellenos costeros

Resumen de los ejemplos de rellenos y expansión que acabamos de ver

Lugar Qué ocupaba parte del espacio en 1956 Qué existe ahora Transformación
Bouzas (Vigo) Agua de la ría y costa histórica Terminal Ro-Ro, explanadas y dársenas Rellenos y expansión portuaria
Raos (Santander) Marismas y superficies estuarinas Muelles, terminales, viales y zonas logísticas Rellenos y reorganización portuaria

Valles y ecosistemas que quedaron bajo grandes embalses

Las grandes presas del siglo XX modificaron también paisajes completos. El cambio no se limita a los pueblos que desaparecieron: un embalse sustituye un sistema de río, vegas, prados, bosques de ribera, caminos y terrenos agrícolas por una gran masa de agua artificial con una dinámica completamente distinta. El Vuelo Americano resulta especialmente valioso cuando fotografió esos valles pocos años o décadas antes de la inundación.

Belesar y antiguo Portomarín: un valle del Miño documentado antes de quedar bajo el agua

La ortofoto de 1956 muestra el antiguo Portomarín junto al Miño, rodeado por el valle, caminos y terrenos rurales. La construcción del embalse de Belesar cambió ese escenario a comienzos de los años sesenta. La Xunta señala que el viejo Portomarín quedó inundado en 1963 y que la nueva villa se construyó a una cota superior.

Parte de su patrimonio se trasladó antes de la inundación. La iglesia de San Nicolao, por ejemplo, fue desmontada y reconstruida piedra a piedra entre 1962 y 1963. Cuando el nivel del embalse baja, todavía pueden quedar visibles restos de antiguos caminos, construcciones y puentes.

El interés ambiental de la comparación está en no quedarse únicamente con la historia urbana. Donde hoy existe el embalse había un corredor fluvial con suelos, vegetación, parcelas y hábitats de ribera. Ese paisaje fue sustituido por una masa de agua regulada para la producción hidroeléctrica.

Comparativa del antiguo Portomarín antes del embalse de Belesar y el paisaje actual

Riaño: el valle anterior al embalse

En el caso de Riaño, el Vuelo Americano permite observar el valle décadas antes de su transformación definitiva. La construcción de la presa comenzó en 1965, pero el proceso se prolongó durante años y el antiguo núcleo de Riaño fue demolido en 1987 dentro de la ejecución del embalse.

La imagen histórica muestra el antiguo pueblo, prados, cursos de agua, vegetación de ribera y un paisaje de valle continuo. Hoy el embalse ocupa gran parte de ese fondo, mientras el nuevo Riaño se encuentra en una localización diferente. Varias poblaciones y elementos del patrimonio fueron trasladados, demolidos o quedaron bajo las aguas.

El cambio ecológico también es importante: un río y su llanura asociada pasaron a formar parte de un gran ecosistema artificial lacustre. Esto modifica caudales, sedimentos, conectividad fluvial y hábitats, incluso cuando el embalse actual presenta también valores paisajísticos y usos recreativos.

Comparativa del valle y antiguo pueblo de Riaño en 1956 y el embalse actual

Talavera la Vieja: el antiguo territorio bajo el embalse de Valdecañas

Talavera la Vieja, en Cáceres, ocupaba un sector del valle del Tajo que quedó inundado con la creación del embalse de Valdecañas en 1963. El lugar tenía, además, un importante patrimonio romano vinculado a la antigua Augustóbriga.

Antes de la inundación se trasladaron algunos restos monumentales, entre ellos, partes de dos templos que hoy pueden verse en el término de Bohonal de Ibor. Pero el cambio territorial fue mucho mayor que la pérdida del núcleo urbano: el embalse cubrió el antiguo valle, tierras agrícolas, caminos y ambientes asociados al río.

La comparación del mismo encuadre entre 1956 y la actualidad permite percibir algo que un mapa moderno no muestra con facilidad: bajo la superficie del embalse existe un paisaje anterior completo, no solamente las ruinas de un pueblo.

Comparativa de Talavera la Vieja y el valle del Tajo en 1956 con el embalse de Valdecañas actual

Resumen de los ejemplos de ecosistemas inundados que acabamos de ver

Lugar Paisaje anterior Gran obra Paisaje actual
Portomarín Villa, valle del Miño y tierras rurales Embalse de Belesar Embalse y nueva villa en una cota superior
Riaño Valle, río, prados y antiguo pueblo Embalse de Riaño Gran masa de agua y nuevo núcleo
Talavera la Vieja Pueblo y valle del Tajo Embalse de Valdecañas Embalse; algunos restos romanos fueron trasladados

Algunos espacios degradados también han podido recuperarse

Comparar 1956 con la actualidad puede llevar a pensar que la transformación avanza siempre en una sola dirección, pero varios de estos casos muestran lo contrario. Plaiaundi volvió a recuperar marisma después de décadas de rellenos y usos degradantes; el tramo final del Besòs pasó de una situación de fuerte contaminación a convertirse en parque fluvial; y en El Saler se han reconstruido dunas y recuperado malladas que habían sido alteradas durante el proyecto urbanizador.

El Turia es un caso diferente: no se restauró el río original dentro de Valencia, porque el agua sigue circulando por el nuevo cauce, pero el antiguo lecho se transformó en un corredor verde de enorme importancia urbana. Se recuperó una función ecológica y social diferente de la original.

Eso ayuda a entender qué significa realmente restaurar o renaturalizar un ecosistema. No siempre es posible volver exactamente al estado anterior. En ocasiones, la restauración busca recuperar procesos, conectividad, hábitats o servicios ecosistémicos dentro de un territorio que ya ha cambiado de manera irreversible.

¿Qué consecuencias tiene transformar los ecosistemas naturales?

Los 15 ejemplos anteriores son muy diferentes entre sí, pero comparten varios efectos ambientales. El primero es la pérdida y fragmentación de hábitats. Una carretera, un aeropuerto, un puerto o una urbanización no solo ocupan superficie: pueden dividir un ecosistema continuo en piezas pequeñas y aisladas. Esto modifica el movimiento de los animales, la dispersión de plantas y las relaciones entre poblaciones.

Otro cambio fundamental afecta al suelo. La urbanización y las grandes infraestructuras implican sellado, excavación, compactación y sustitución de horizontes naturales. En áreas agrícolas intensivas también puede cambiar la estructura física y química del terreno. La diferencia entre degradación del suelo y contaminación del suelo es importante: un suelo puede perder funciones ecológicas aunque no contenga necesariamente sustancias contaminantes.

La transformación del territorio modifica además el ciclo del agua. Los humedales drenados y las llanuras de inundación desconectadas pierden parte de su capacidad para almacenar temporalmente agua; el suelo impermeabilizado reduce la infiltración y aumenta la escorrentía; y los cauces canalizados cambian la forma en que circulan el agua y los sedimentos. Esto no significa que una actuación concreta sea por sí sola responsable de una inundación, pero sí que la sustitución de superficies permeables y zonas inundables altera procesos naturales que forman parte del ciclo hidrológico.

En áreas urbanas e industriales se añaden otras presiones: contaminación del agua, ruido, emisiones y contaminación atmosférica. La reducción de vegetación y el aumento de superficies asfaltadas o construidas también pueden intensificar la isla de calor urbana. Además, ninguno de estos impactos actúa de forma aislada, se acumulan y pueden permanecer durante décadas incluso cuando la actividad que originó el cambio ya ha desaparecido.

Las imágenes de 1956 no nos dicen que todo tiempo pasado fuera ambientalmente mejor. Sí nos permiten comprender algo más útil: el territorio tiene memoria. Bajo un polígono puede haber una antigua marisma; bajo un embalse, un valle; detrás de una playa urbanizada, un sistema dunar; y dentro de una ciudad, el antiguo cauce de un río. Mirar las dos fotografías con el mismo encuadre permite entender cuánto puede cambiar un paisaje en una sola vida humana y por qué conservar, planificar y restaurar el territorio exige conocer primero qué había allí.

Fuentes y documentación: