Home » Noticias » Combustibles fósiles, ¿los abandonaremos algún día?
combustibles fósiles, portada

La mayor parte de la energía utilizada actualmente en el mundo procede de los combustibles fósiles, los cuales son muy energéticos pero producen un gran impacto ambiental negativo. Por eso, con la urgencia de cuidar el planeta frente al cambio climático, es más que necesario realizar un proceso de descarbonización o abandono de este tipo de fuente de energía terrestre.

Qué son los combustibles fósiles

Un combustible fósil es aquel que procede de la biomasa acumulada durante millones de años, la cual sufrió enterramiento y procesos de transformación, debidos a la presión y al calor.

Los combustibles fósiles son muy energéticos y fáciles de almacenar y transportar. Actualmente suponen la fuente de energía más utilizada en el mundo, usándose para generar energía eléctrica, térmica y mecánica, sobre todo. Sin embargo, no son una fuente de energía renovable, ya que tardan muchísimos años en volver a formarse y al irlos usando se van agotando.

El uso de los recursos fósiles ha permitido el gran crecimiento económico y demográfico ligado a la revolución industrial del siglo XIX. Se distinguen tres tipos de combustibles fósiles principales: el petróleo, el carbón y el gas natural.

La formación de los combustibles fósiles se trata de un proceso de transformación de la materia orgánica o biomasa durante millones de años, bajo la presión y la temperatura que ejercen las capas de sedimentos sobre dicha materia orgánica. Este proceso de formación de los combustibles fósiles se conoce como fosilización en anoxia (sin oxígeno), ya que la materia no se ha degradado por microorganismos, sino que permanece en forma de moléculas orgánicas complejas que acumulan gran cantidad de energía.

Impactos de los combustibles fósiles

Además de no ser renovables, los combustibles fósiles presentan muchas desventajas, así como importantes impactos medioambientales. A día de hoy, el uso de los combustibles fósiles supone un considerable problema de sostenibilidad, tanto por motivos ambientales, como económicos, ya que son recursos de gran valor y su distribución geográfica no es homogénea, lo que ocasiona conflictos.

A continuación, os contamos los principales impactos de los combustibles fósiles en el Medio Ambiente.

  • Aumento del CO2 y del efecto invernadero: la extracción y la combustión de los combustibles fósiles genera muchos gases de efecto invernadero, destacando entre ellos el CO2 o dióxido de carbono, que se acumulan en la atmósfera y aumentan la temperatura de la Tierra.
  • Contaminación de la atmósfera: relacionado con lo anterior, muchos de los gases emitidos durante el proceso de extracción y combustión de combustibles fósiles, son o contienen elementos tóxicos, como el arsénico, el mercurio y el metano, los cuales contaminan la atmósfera terrestres y causan daños respiratorios a las personas y a los animales.
  • Lluvia ácida: muy ligado a todo lo anterior, elementos como óxidos de azufre y nitrógeno, liberados en los mismos procesos de extracción y combustión, reaccionan con otros gases de la atmósfera y precipitan en forma de ácidos (sulfúrico y nítrico) con la lluvia, resultando tóxico y mortal para el medio ambiente y los seres vivos, así como también incrementa la acidificación del agua en general.

En concreto, en el proceso de extracción de un combustible fósil se producen también, a mayores, los siguientes impactos:

  • Contaminación acústica: el aumento del tráfico de vehículos en el lugar de perforación del petróleo, contribuye también significativamente a la contaminación acústica por el aumento del nivel de ruido en ese lugar, lo cual afecta, por ejemplo, al comportamiento de animales como aves.
  • Derrames de fluidos: a menudo se producen derrames de los fluidos que se inyectan en el pozo para lubricar las brocas de perforación de petróleo en tierra, los cuales causan efectos crónicos en la salud de los propios trabajadores, además de daños medioambientales.
  • Cambios en el paisaje: la construcción de pozos de extracción y carreteras destruyen el hábitat natural eliminado la vegetación, lo que origina un aumento de la erosión y perturbaciones en los suelos, entre otros problemas ambientales.
  • Contaminación del agua adyacente: los pozos abiertos, estanques y lagunas, pueden contener aguas residuales, productos químicos orgánicos, hidrocarburos del petróleo, etc., que comprometen la seguridad del agua. Además, las explotaciones de tuberías y los pozos pueden contaminar los acuíferos.

Descarbonización o abandono de los combustibles fósiles

Por otro lado, la utilización de energía eléctrica procedente de energías renovables, sería una forma idónea de mirar de cara al futuro, ya que ésta proporciona gran cantidad de beneficios que ayudan al Medio Ambiente y cuidan del futuro de nuestro entorno, así como del legado de las generaciones futuras.

La descarbonización consiste, por tanto, en el abandono paulatino del uso de los combustibles fósiles como fuente de energía, mediante la implantación gradual del uso de energías limpias y renovables.

La descarbonización de la economía debe apoyarse en la aplicación del principio ‘quien contamina paga’, de tal forma que cada energía (gas, gasolinas y electricidad) se haga cargo de las emisiones que emite a la atmósfera. El sector eléctrico es la clave para lograr este objetivo.

Descarbonizar la economía en 2050 en España implica terminar con el actual política energética, basada en combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) y avanzar en una electrificación basada en energías renovables, según el informe del Centro de Investigación Economics for Energy, que advierte de que de seguir así sería “imposible” cumplir con los compromisos adoptados por España en el Acuerdo del Clima de París.

Un informe elaborado por Monitor Deloitte, propone un conjunto de recomendaciones de política energética para direccionar nuestro modelo energético hacia una descarbonización eficiente:

  • Determinar los objetivos para todos los sectores cara 2030-2050: es necesario establecer objetivos vinculantes de descarbonización para todos los usos energéticos, especialmente para aquellos no sujetos actualmente a la normativa sobre derechos de emisión. Los objetivos tienen que ser equitativos entre sectores y han de considerar el esfuerzo realizado y el potencial económico.
  • Introducir una regulación específica para desarrollar un precio efectivo del coste de las emisiones: esto podría realizarse mediante un impuesto aplicado a los sectores no sujetos al comercio de derechos de emisión. Además, establecer un impuesto o un sueldo al precio del CO2 serviría para dar una señal económica clara hacia la reducción de emisiones y recaudar fondos para contribuir al I+D.
  • Fomentar la movilidad sostenible en el transporte privado por carretera: es decir, fomentar los vehículos eléctricos y/o híbridos y la ubicación de postes de recarga mediante una infraestructura de recarga en las zonas urbanas. Además, hay que desarrollar una estrategia industrial y de inversiones en I+D+i para el desarrollo de baterías y motores eléctricos, con el fin de capitalizar los beneficios. Así como también habría que establecer una serie de medidas para reducir el tráfico de vehículos convencionales en las ciudades para reducir la contaminación.
  • Desarrollar una estrategia de infraestructuras logísticas que permita la descarbonización del sector del transporte pesado.
  • Promover el gas natural vehicular como herramienta de transición en el transporte pesado por carretera.
  • Desarrollar un transporte marítimo sostenible, fomentado el uso del gas natural y desarrollando puertos verdes, fomentando la inversión en sistemas que reduzcan las emisiones GEI de los puertos.
  • Promover la reducción de emisiones del sector residencial: para ello habría que desarrollar un plan de rehabilitación de edificios existentes, aplicar requisitos máximos de consumo energético o mínimos de eficiencia energética y asegurar que la tarifa eléctrica recoja los costes reales del suministro, eliminando aquellos sobrecostes derivados de las políticas que distorsionen el precio.
  • Promover la reducción de emisiones del sector servicios: definir un plan de acción coordinado a largo plazo, con estrategias específicas para cada uno de los segmentos del sector terciario.
  • Fomentar el cambio de vector energético y la eficiencia energética en la industria, analizando el impacto de la transición del modelo energético para la industria.
  • Establecer un marco para la instalación de la capacidad necesaria renovable, además de minimizar el sobrecoste para el ciudadano.
  • Incentivar las inversiones necesarias en redes eléctricas: definir el rol de los distribuidores eléctricos en el desarrollo del vehículo eléctrico y en la integración de energías renovables, distribuidas de tal forma que se incentive la innovación, la automatización de la red y se minimicen las inversiones necesarias en la red.
  • Desarrollar un parque de generación eléctrica basado exclusivamente en energías renovables.
  • Implantar medidas de eficiencia energética para no desperdiciar energía en consumos innecesarios.

En 2011, la Unión Europea confirmó sus objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en el horizonte 2050, entre un 80% y un 95% respecto al nivel de 1990. Asimismo, el Acuerdo de París, alcanzado en la XXI Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, incluye el compromiso de alcanzar la neutralidad de emisiones de gases de efecto invernadero para contener el aumento de la temperatura de la Tierra.

Dicho compromiso europeo de reducción de emisiones GEI supondrá para España que las emisiones se limiten hasta un valor muy reducido de entre 14 y 88 MtCO2. Para ello, los coches eléctricos deberían suponer para ese año entre el 7% y el 10% del total, entre el 20% y el 25% del transporte de mercancías se tendría que hacer por ferrocarril eléctrico y entre el 34% y el 46% por camiones que deberían usar gas natural, el consumo eléctrico de los hogares y empresas tendría que representar hasta el 65% del total, y el ritmo de inversión en renovables para cumplir los objetivos de 2030 debería ser similar al alcanzado entre 2001 y 2012.

Además, el Ejecutivo Comunitario será más ambicioso a la hora de fijar el objetivo de renovables para 2030 y pasará de un primer objetivo del 27% hasta el 30%. Y el Parlamento Europeo incluso quiere ir más allá y propone el 35%.

En el mismo sentido, la Comisión Europea, en el documento “Study on Assessing the Environmental Fiscal Reform Potential for the EU28”, propone reformular algunas de las figuras fiscales ya existentes o diseñar nuevos impuestos, especialmente los que afectan a la contaminación y los recursos. Para ello, recomienda reforzar la coordinación entre las comunidades autónomas y el Gobierno Central.

El presidente de la Red Eléctrica Española (REE), José Folgado, resalta la importancia de la introducción gradual de las energías renovables, a la vez que señala algunos de los problemas que acarrean, derivados de la dificultad de la gestión, muy dependiente del clima del país. Por ello, se mostró partidario de mejorar el almacenamiento y apostar por las interconexiones, así como dar protagonismo al ciclo combinado con gas.

También advirtió de la necesidad de contar con mecanismos de gestión de la demanda energética. Y en cuanto al tema de la movilidad sostenible, destacó la importancia de mejorar el transporte de mercancías por ferrocarril, aunque adelantó que se va a poner en marcha un programa de nuevas inversiones para mejorar la red ferroviaria y el acceso a los puertos.

Por el momento nos cuesta dejar de lado a los combustibles fósiles

Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), a pesar del fuerte incremento de producción energética a partir de fuentes renovables, la demanda mundial de energía sigue dominada por los combustibles fósiles, que ha llegado a alcanzar hasta el 80% durante el pasado año 2017. Según la AIE, este porcentaje lo venimos arrastrando prácticamente desde hace 30 años.

Tal y como se explica en el informe, la demanda mundial de petróleo aumentó el pasado año un 1,6%, lo que supone 1,5 millones de barriles diarios, más del doble del promedio anual de los últimos diez años.

Según ampara el Informe Global de Energía y CO2, el sector del transporte ha sido el que ha impulsado el crecimiento del consumo de combustibles fósiles, ya que el pasado año aumentó la cantidad de vehículos en circulación. Otro sector que también tuvo que ver con el aumento de la demanda, fue el petroquímico, en donde el petróleo se utiliza como materia prima.

La demanda de combustibles fósiles tiene sus principales clientes en el continente asiático, encabezados por China e India, que acapararon cerca del 60% del aumento de esa demanda. Además, Asia también encabeza el consumo de carbón, que después de conseguir dos años seguidos de tendencia a la baja, ha vuelto a impulsar el crecimiento de este combustible.

En estos aumentos de demanda de las energías fósiles, también hay que considerar que, la demanda mundial de energía aumentó un 2,1% en 2017, más del doble del crecimiento del ejercicio anterior 2016. Así, se alcanzaron los 14.050 millones de toneladas equivalentes de petróleo (Mtoe). De este crecimiento de la demanda, los combustibles fósiles cubrieron prácticamente el 70%, y las energías renovables, que por supuesto están creciendo con fuerza, más del 25% del aumento del consumo.

En cuanto a las emisiones de CO2, la AIE informa de que por estos aumentos de la demanda de combustibles fósiles para generar energía, las emisiones mundiales de CO2 aumentaron un 1,4%, llegando a un máximo histórico de 32,5 Gt (Gigatoneladas), lo que supone un cambio de tendencia negativo, tras tres años en los que prácticamente se estaban cumpliendo los objetivos.

En conclusión, a las energías renovables les queda un largo camino que recorrer, el cual no solo consiste en sustituir al sistema actual alimentado por energía fósil, ya que también tienen que hacerse cargo del aumento de la demanda año tras año, cada vez más importante en porcentaje, de las formas de almacenamiento de la energía producida, redes de transporte adecuadas, y muchos más inconvenientes que deben de asumirse cuanto antes si es que queremos evitar el cambio climático.

Fuentes: Deloitte, El Diario de la Energía, Twenergy y Ecoticias

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