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Greenteach

Plantar árboles no siempre mejora igual el aire: la especie elegida puede marcar la diferencia

24/10/2026
Árboles urbanos en una ciudad donde la elección de especies puede influir en la formación de ozono

Plantar árboles en las ciudades sigue siendo una de las herramientas más útiles para aportar sombra, reducir el calor, favorecer la biodiversidad y mejorar el entorno urbano. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Science Advances muestra que no todas las especies tienen el mismo efecto sobre la calidad del aire, especialmente cuando se analiza la formación de ozono troposférico durante los meses más cálidos.

La clave está en los compuestos orgánicos volátiles biogénicos o BVOC que emite la vegetación. Algunos árboles liberan grandes cantidades de isopreno, un compuesto natural que, en presencia de óxidos de nitrógeno procedentes sobre todo del tráfico y otras actividades humanas, y con suficiente radiación solar, puede participar en las reacciones químicas que generan ozono cerca del suelo.

Los árboles aportan solo una porción de los BVOC, pero gran parte de su reactividad

El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Jinan y realizado con mediciones atmosféricas en Pekín, encontró una diferencia importante entre la cantidad total de compuestos emitidos y su capacidad para intervenir en la química del ozono.

Durante el periodo estudiado, entre mayo y julio de 2021, la vegetación representó aproximadamente el 10% de las emisiones totales de compuestos orgánicos volátiles de la ciudad. Sin embargo, los compuestos procedentes de las plantas aportaron más de la mitad de la reactividad orgánica relevante para la producción de ozono, con el isopreno como uno de los principales responsables.

Esto no significa que los árboles produzcan por sí solos la mitad del ozono urbano. El ozono troposférico se forma mediante una química compleja en la que también son fundamentales los óxidos de nitrógeno (NOx), la luz solar y las condiciones meteorológicas. De hecho, los investigadores insisten en que reducir las emisiones de NOx del tráfico y la industria continúa siendo esencial.

Árboles urbanos como sauces y álamos pueden emitir isopreno que participa en la formación de ozono

En Pekín, alrededor del 35% de los árboles urbanos pertenecen a especies con capacidad de emitir isopreno. Entre las especies destacadas por el estudio se encuentran sauces y álamos, árboles utilizados ampliamente en numerosas ciudades por su crecimiento, resistencia y valor paisajístico.

Además, el problema se intensifica con la temperatura. El equipo observó que, a 35°C la reactividad de los compuestos procedentes de la vegetación era unas siete veces mayor que a 20°C. La contribución de la vegetación a la reactividad orgánica pasó aproximadamente del 21% a 20°C al 74% a 35°C.

Este resultado es especialmente relevante en un contexto de calentamiento urbano y olas de calor más frecuentes, porque las mismas condiciones en las que más necesitamos sombra y refrigeración vegetal pueden favorecer también mayores emisiones de determinados BVOC.

La solución no es plantar menos árboles, sino elegir mejor las especies

Los autores dejan claro que sus resultados no justifican reducir el arbolado urbano ni retirar árboles maduros. Los beneficios de la vegetación siguen siendo numerosos: refrigeración por sombra y evapotranspiración, captura de carbono, hábitat para fauna, mejora del bienestar y regulación del agua de lluvia, entre otros.

La propuesta es incorporar el potencial de emisión de BVOC como un criterio adicional cuando una ciudad renueva o amplía su arbolado. En el caso de Pekín, el estudio estima que sustituir durante los procesos normales de renovación alrededor del 10% de los árboles con mayores emisiones de isopreno por especies de menor emisión podría reducir, al menos, un 29% las emisiones de este compuesto.

Planificación del arbolado urbano teniendo en cuenta especie, clima y contaminación atmosférica

Los investigadores extendieron, además, su análisis a 24 grandes ciudades y encontraron que el problema no es exclusivo de Pekín. La composición del arbolado puede generar niveles de emisión de isopreno similares o incluso superiores en otras ciudades, especialmente en Asia y Oceanía. Esto refuerza la idea de que no existe una lista universal de árboles “buenos” o “malos”: la elección debe hacerse teniendo en cuenta el clima, las especies disponibles, el nivel de NOx, la ubicación y los demás servicios ecosistémicos que se quieran obtener.

Para Europa, el escenario puede ser distinto porque en muchas ciudades predominan especies con perfiles de emisión diferentes. Aun así, el principio sigue siendo válido: el diseño del arbolado urbano debería considerar también la química atmosférica, y no solo aspectos como el crecimiento, la sombra, la dirección del viento o la resistencia a la sequía.

Este enfoque complementa, además, otras estrategias de planificación urbana. No basta con decidir cuántos árboles plantar, también importa qué especies se utilizan, dónde se colocan y cómo interactúan con el tráfico, el viento, la temperatura y la contaminación existente.

Este nuevo trabajo aporta así una conclusión bastante útil: la vegetación urbana sigue siendo necesaria, pero una ciudad más verde puede ser también una ciudad con mejor aire si la selección de especies se realiza con criterios ambientales más completos.

Fuentes: Science Advances — Tree selection in urban greening shapes air quality for global cities, Nature — These trees are making air quality in cities worse y University of Innsbruck / EurekAlert — Choice of tree species affects urban air quality.