
Plantar árboles es una de las principales estrategias utilizadas para reducir el calor urbano, pero tener más árboles no garantiza que una ciudad vaya a enfriarse de forma eficaz. Una nueva investigación señala que la posición de las zonas verdes respecto a los vientos dominantes puede ser tan importante como aumentar la cobertura vegetal.
El estudio, publicado el 14 de agosto de 2026 en Nature Cities, propone aprovechar la vegetación situada a barlovento de las ciudades para enfriar el aire antes de que el viento lo transporte hacia las zonas urbanizadas. Esta estrategia podría complementar al arbolado de las calles, los parques y otras medidas destinadas a reducir la isla de calor urbana.
Plantar más árboles ayuda, pero no todos enfrían una ciudad de la misma manera
Los árboles urbanos pueden proporcionar importantes beneficios frente al calor, especialmente mediante la sombra y la evapotranspiración. La copa intercepta parte de la radiación solar que, de otro modo, calentaría el pavimento, los edificios y otras superficies urbanas. Al mismo tiempo, las plantas absorben agua a través de sus raíces y liberan parte de ella a la atmósfera mediante la evapotranspiración, proceso que contribuye a disipar calor.
Sin embargo, el efecto no depende únicamente del número de árboles. Una revisión científica publicada en 2024, que analizó 182 estudios realizados en 110 ciudades o regiones, concluyó que la capacidad de refrigeración del arbolado está condicionada principalmente por el clima, las características de los árboles y la morfología urbana. Esto significa que aspectos como la especie utilizada, la densidad y forma de la copa, la disponibilidad de agua, la separación entre árboles, la orientación de las calles, los edificios que los rodean o la circulación del aire pueden modificar considerablemente el resultado.
En determinados espacios urbanos muy cerrados, una vegetación excesivamente densa puede incluso reducir la ventilación y dificultar la disipación del calor, especialmente cuando el aire está estancado.
Por tanto, la cuestión no debería ser simplemente cuántos árboles plantar, sino qué árboles, dónde plantarlos y cómo integrarlos en el funcionamiento climático de la ciudad.
¿Qué es el «upwind greening» o vegetación a barlovento?
La nueva investigación introduce como elemento central el concepto de upwind greening, que puede traducirse como revegetación o infraestructura verde situada a barlovento.

Barlovento es el lado desde el que procede el viento. Si los vientos predominantes llegan a una ciudad desde una determinada dirección, la propuesta consiste en mantener o crear suficiente vegetación en las zonas situadas antes de que ese aire alcance el área urbana. El proceso tendría dos pasos principales:
- La vegetación enfría el aire situado sobre ella, principalmente mediante el intercambio de energía con la superficie y la evapotranspiración.
- El viento transporta ese aire relativamente más fresco hacia la ciudad, extendiendo el efecto de refrigeración más allá de la propia zona verde. Este transporte horizontal de aire se conoce como
Por tanto, no se trata de orientar físicamente los árboles hacia el viento ni de plantar simplemente una hilera en una determinada dirección. La propuesta consiste en utilizar estratégicamente áreas vegetadas situadas en la dirección desde la que llegan los vientos predominantes.
Una idea inspirada en antiguos pueblos de China
El origen del planteamiento resulta particularmente interesante. Los investigadores se inspiraron en la organización de pueblos tradicionales chinos como Xidi y Hongcun, donde los asentamientos se desarrollaron teniendo en cuenta la relación entre montañas, agua, bosques y circulación del aire. Este concepto es denominado por los investigadores modelo Mountain–Water–Forest o montaña-agua-bosque.
En estos asentamientos, el entorno no funciona como una serie de elementos independientes: la topografía modifica la circulación atmosférica, la vegetación puede enfriar el aire situado sobre ella y las masas de agua también influyen sobre las condiciones térmicas locales.
¿Cómo se estudió el efecto de los árboles y el viento?
Los investigadores se preguntaron si ese principio espacial podía trasladarse y estudiarse científicamente en las grandes ciudades modernas.
Para comprobar la hipótesis, los investigadores comenzaron utilizando Pekín y Shanghái como casos principales. Son dos ciudades con características muy diferentes: Pekín está influenciada por una configuración de montañas y llanura, mientras que Shanghái es una gran ciudad costera.
Mediante modelos atmosféricos realizaron experimentos numéricos en los que determinadas superficies suburbanas se representaron alternativamente como zonas vegetadas o áreas urbanizadas. Después analizaron qué parte del cambio de temperatura podía atribuirse a distintos mecanismos, incluyendo:
- Radiación.
- Evapotranspiración y flujo de calor latente.
- Flujo de calor sensible.
- Almacenamiento de calor en el suelo.
- Transporte de aire mediante el viento.
Los resultados indicaron que precisamente este último mecanismo, la advección del aire enfriado sobre las zonas vegetadas, era el principal responsable de que el efecto llegase hasta el interior de la ciudad.
Hasta unos 0,7°C menos en los experimentos principales
En los experimentos realizados con Pekín y Shanghái, los investigadores obtuvieron reducciones de temperatura próximas a 0,7°C en el núcleo urbano asociadas al transporte de aire desde las áreas vegetadas situadas a barlovento.
Además, el patrón espacial apoyaba el papel del viento. Las áreas situadas a sotavento de la vegetación, es decir, después de ella siguiendo la dirección del viento, eran las que mostraban el enfriamiento. El efecto podía propagarse por más de la mitad del área urbana, aunque iba disminuyendo progresivamente con la distancia. Por el contrario, las zonas situadas antes de la vegetación respecto a la dirección del viento experimentaban cambios pequeños o inexistentes.
Este comportamiento constituye una de las claves del estudio: una misma superficie vegetal puede tener repercusiones diferentes sobre la ciudad dependiendo de su posición respecto al flujo de aire.
La estrategia se probó mediante simulaciones en ocho grandes ciudades
Los investigadores quisieron comprobar si el fenómeno se limitaba a las condiciones particulares de las ciudades chinas. Por ello ampliaron el análisis a otras seis grandes ciudades:
- El Cairo, en Egipto.
- Houston, en Estados Unidos.
- Kinshasa, en República Democrática del Congo.
- Londres, en Reino Unido.
- São Paulo, en Brasil.
- Sídney, en Australia.
Así, sumadas a Pekín y Shanghái, el estudio analizó mediante simulaciones ocho ciudades pertenecientes a condiciones climáticas y geográficas muy diferentes.
Utilizando tres años de simulaciones, los investigadores observaron reducciones de la temperatura del aire próxima a la superficie y del estrés térmico en las ocho ciudades, aunque la intensidad y el momento del enfriamiento variaban en función de las condiciones locales.
En conjunto, el modelo montaña-agua-bosque produjo una reducción aproximada de 0,4 ± 0,2°C en más de la mitad del área urbana. La cifra puede parecer pequeña frente a las diferencias extremas de temperatura que se registran durante algunas olas de calor, pero el interés de la estrategia reside en que podría proporcionar un enfriamiento moderado distribuido sobre una superficie urbana muy extensa.
¿Por qué no basta con decir «más árboles = menos calor»?
La vegetación urbana sigue siendo una herramienta muy valiosa para adaptar las ciudades al calor, pero la investigación científica muestra que su funcionamiento es más complejo de lo que sugiere esta sencilla relación.
En esta tabla se resumen algunos de los principales factores que determinan cuánto puede enfriar el arbolado:
| Factor | Por qué es importante |
|---|---|
| Cantidad de árboles | Una mayor cobertura puede proporcionar más sombra y evapotranspiración, pero su distribución es determinante. |
| Especie y características del árbol | El tamaño y densidad de la copa, tipo de hoja, transpiración y tolerancia al calor y la sequía modifican su capacidad de refrigeración. |
| Sombra | Reduce la radiación solar que alcanza calles, fachadas y otras superficies que acumulan calor. |
| Evapotranspiración | La pérdida de agua a través de las hojas permite disipar energía, pero depende de la disponibilidad de agua y de las condiciones atmosféricas. |
| Distribución espacial | La localización de los árboles determina qué superficies reciben sombra y cómo se distribuye el aire enfriado. |
| Viento | Puede transportar aire enfriado sobre zonas verdes hacia otros sectores de la ciudad. |
| Morfología urbana | Edificios, calles y densidad urbana modifican la radiación y pueden favorecer o bloquear la ventilación. |
| Disponibilidad de agua | El estrés hídrico puede reducir la transpiración y, con ella, parte del efecto refrigerante de los árboles. |
Esto explica por qué dos ciudades con una cobertura arbórea similar podrían obtener resultados térmicos diferentes.
Los corredores de ventilación pueden ser tan importantes como las zonas verdes
Además, el estudio introduce otro aspecto fundamental en el diseño urbano: hay que permitir que el aire pueda desplazarse. Crear una gran superficie vegetal a barlovento tendría poca utilidad para refrigerar el centro de una ciudad si edificios u otras estructuras bloquean completamente el flujo de aire que debería transportar ese enfriamiento.

Los autores señalan dos condiciones fundamentales para que su propuesta funcione:
- Que existan patrones suficientemente estables de viento en una determinada dirección.
- Que haya una superficie vegetada suficiente en las zonas situadas a barlovento.
Esto convierte a los corredores de ventilación y a la planificación territorial de los alrededores de las ciudades en elementos potencialmente importantes para combatir el calor urbano.
La infraestructura verde urbana podría, por tanto, diseñarse no únicamente pensando en cuánta superficie ocupa, sino también en cómo se conecta espacialmente y cómo interactúa con la circulación del aire.
No necesariamente habría que plantar enormes bosques nuevos alrededor de las ciudades
Una aplicación práctica del concepto no tendría por qué consistir en crear grandes masas forestales desde cero. Los propios investigadores señalan que la disponibilidad de terreno puede impedir este tipo de actuaciones alrededor de muchas ciudades. En su lugar, proponen estudiar la integración del upwind greening en estructuras ya existentes o planificadas, como:
- Parques periurbanos.
- Corredores ecológicos.
- Zonas verdes próximas a infraestructuras viarias.
- Paisajes agroforestales multifuncionales.
- Otras superficies vegetadas situadas estratégicamente alrededor de la ciudad.
El objetivo sería que estas zonas no funcionasen como espacios verdes aislados, sino como partes de un sistema territorial capaz de interactuar con los vientos dominantes.
¿Se podría aplicar esta estrategia a las ciudades españolas?
El estudio no analizó ninguna ciudad española, por lo que no sería correcto asumir que los resultados obtenidos pueden trasladarse directamente a Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Vigo o cualquier otra ciudad.
Cada entorno presenta condiciones diferentes de viento, relieve, humedad, disponibilidad de agua, vegetación y urbanización. Las ciudades costeras pueden estar fuertemente influenciadas por las brisas marinas, mientras que en otras regiones la topografía, los valles o las montañas condicionan la circulación atmosférica.
Por ello, para aplicar esta estrategia sería necesario estudiar de dónde proceden habitualmente los flujos de aire durante los periodos de mayor estrés térmico, qué terrenos existen a barlovento y si hay corredores por los que ese aire pueda penetrar en la ciudad.
También habría que valorar la disponibilidad de agua, las especies vegetales más adecuadas, los costes de mantenimiento y los posibles efectos sobre la biodiversidad.
Los árboles siguen siendo fundamentales contra el calor urbano
Los resultados no significan que plantar árboles dentro de las ciudades sea una estrategia equivocada. Al contrario. El arbolado proporciona sombra directa precisamente allí donde se encuentran las personas, reduce el calentamiento de las superficies y contribuye a la evapotranspiración. Además, las zonas verdes aportan otros servicios ecosistémicos relacionados con la biodiversidad, el bienestar de las personas y la calidad ambiental.

Lo que plantea la nueva investigación es que la cantidad de vegetación no debería ser el único indicador utilizado para diseñar una ciudad preparada frente al calor. La especie, la cobertura de copa, la disponibilidad de agua, la distribución de los árboles, los edificios, las calles y la circulación atmosférica forman parte del mismo sistema.
Esta visión es especialmente relevante ante el cambio climático y el aumento de la exposición de las ciudades a temperaturas extremas.
Una estrategia complementaria, no una solución única
La vegetación situada a barlovento tampoco debe interpretarse como una solución capaz de eliminar por sí sola el problema del calor urbano. Los propios autores la presentan como una medida que puede complementar los parques, el arbolado de las calles, los materiales reflectantes y otras estrategias de adaptación térmica.
Además, el trabajo se basa fundamentalmente en modelización climática. Aunque las simulaciones se realizaron en ciudades con condiciones muy diferentes y muestran un mecanismo físicamente coherente, serán necesarios más estudios para trasladar estas conclusiones a decisiones urbanísticas concretas.
La principal aportación del trabajo es, por tanto, conceptual: las ciudades no deberían planificarse climáticamente como espacios aislados de su entorno. Los bosques, cultivos, parques periurbanos, montañas, masas de agua y corrientes de aire que rodean una ciudad pueden influir sobre sus condiciones térmicas.
Plantar más árboles continúa siendo importante, pero la investigación sugiere que una pregunta puede resultar igualmente decisiva: ¿estamos plantándolos y conservando las zonas verdes en los lugares donde pueden producir el mayor efecto?
Fuentes: Nature Cities: Overlooked upwind greening for urban cooling; Springer Nature Research Communities: explicación del estudio por Shi-Jie Cao; Communications Earth & Environment: factores que determinan la capacidad de refrigeración de los árboles urbanos; y Nature Communications: retos para utilizar el arbolado urbano frente al calor.