Saltar al contenido
Greenteach

Los ríos de Europa se están salinizando: más de 23.000 km superan niveles seguros para la vida acuática

29/10/2026
Río europeo analizado para estudiar la salinización del agua dulce

Un análisis acaba de poner cifras a un problema ambiental mucho menos visible que los plásticos, los nitratos o los pesticidas: la salinización de los ríos europeos. Un estudio publicado en Nature Communications, con participación del IDAEA-CSIC de Barcelona y de la Universidad de León, concluye que en 28 de los 35 países analizados existen ríos donde la salinidad se ha más que duplicado respecto a su nivel natural.

Además, más de 23.000 kilómetros de red fluvial europea, alrededor del 2% de la red estudiada, presentan niveles de salinización superiores a 1 mS/cm. Los autores advierten de que este valor está por encima de los estándares internacionales disponibles para proteger la vida acuática y puede comprometer tanto la biodiversidad como distintos usos humanos del agua.

La salinización de los ríos europeos tiene causas naturales, como la evaporación, la composición del suelo o la meteorización de las rocas, pero las actividades humanas pueden intensificarla. Entre las presiones señaladas por los investigadores figuran el regadío, las aguas residuales urbanas, la minería y otras actividades extractivas, los cambios de uso del suelo y las sales utilizadas en carreteras. El modelo encontró además una relación significativa entre la salinización, la huella humana y la proporción de suelo transformado.

Así, la salinización de los ríos de Europa se trata de una forma de contaminación del agua que hasta ahora ha recibido mucha menos atención que otros problemas de los ecosistemas fluviales.

Cómo se ha medido la salinización de los ríos europeos

La cantidad natural de sales en el agua varía mucho según el clima, la geología y la hidrología de cada cuenca. Por eso, el equipo utilizó la conductividad eléctrica como indicador de salinidad: cuanto mayor es la concentración de iones disueltos, mayor suele ser la conductividad del agua.

El análisis parte de datos recopilados por GlobSalt procedentes de 62 fuentes públicas y registros comprendidos entre 1970 y 2024. Mediante modelos de aprendizaje automático, los investigadores estimaron qué conductividad cabría esperar en tramos poco alterados y compararon después ese valor basal con la conductividad observada. Así, pudieron distinguir mejor la salinidad de origen natural del incremento asociado a las presiones humanas.

Según los distintos umbrales de intensidad y certeza utilizados por el modelo, aproximadamente un 1% de la red presenta salinización extrema, con aumentos superiores al 500% respecto al valor de referencia. Otro 9% aparece en la categoría severa, y un 14% muestra incrementos de entre el 51% y el 100%.

El estudio identifica, además, focos especialmente importantes en varios puntos de Europa, entre ellos cuencas de Alemania, Polonia, Rumanía, Hungría y España.

Medición de la conductividad del agua para evaluar la salinización de un río

Qué ocurre cuando un río acumula demasiadas sales

El exceso de sales puede modificar profundamente las comunidades de organismos que viven en un río. Experimentos y estudios anteriores citados por los autores han observado cambios en diatomeas, macroinvertebrados y otros grupos acuáticos, pérdida de riqueza de especies y una mayor presencia de organismos generalistas capaces de tolerar condiciones más extremas.

Estos cambios pueden propagarse por todo el ecosistema. La salinización puede alterar procesos como la descomposición de materia orgánica, favorecer determinadas proliferaciones de algas y, en situaciones graves, contribuir a episodios de mortalidad masiva de peces. El estudio recuerda el caso del río Oder, donde una proliferación de algas tóxicas estuvo relacionada con condiciones de elevada salinidad.

Pero las consecuencias no se limitan a la biodiversidad. Según el análisis, alrededor del 1% de la red estudiada supera referencias relacionadas con el agua potable y aproximadamente un 3% alcanza niveles que pueden generar restricciones para el riego o determinados usos industriales. 

España: una salinidad natural alta, pero también focos de salinización

España presenta una situación especialmente interesante porque la península ibérica aparece entre las regiones europeas donde la conductividad natural de los ríos puede ser relativamente elevada. El clima más seco, la evapotranspiración y determinadas formaciones geológicas hacen que algunos cauces contengan más sales, incluso sin una presión humana importante. Esto significa que un valor absoluto alto no basta por sí solo para determinar que exista contaminación: hay que compararlo con el nivel natural de cada cuenca.

Aun teniendo en cuenta esa referencia, el nuevo estudio identifica en España varios puntos problemáticos. El río Corbones, en Andalucía, aparece como un foco de salinización que el modelo detecta y que, según los autores, no había sido descrito previamente en la literatura científica internacional. El trabajo también vuelve a señalar al Ebro entre los ríos europeos con problemas de salinización severa ya conocidos por estudios anteriores.

Río mediterráneo de España en un entorno vulnerable a la salinización

Asimismo, un informe del CSIC publicado en 2025, a partir de datos oficiales de las Confederaciones Hidrográficas, estimaba que el 28% de los ríos españoles presenta niveles preocupantes de sales, así como investigaciones anteriores en el país también han relacionado las alteraciones de la conductividad con la agricultura, la minería, los vertidos de aguas residuales y, en determinadas zonas, el uso de sales en carreteras.

Los autores del nuevo estudio consideran que la magnitud continental del problema justifica avanzar hacia criterios europeos específicos para la salinización. La Directiva Marco del Agua todavía no establece una metodología armonizada para medir este fenómeno ni umbrales comunes específicamente diseñados para proteger la biodiversidad frente al exceso de sales, una carencia que el equipo considera necesario abordar antes de que los episodios graves sean más frecuentes.

Fuentes: Nature Communications y IDAEA-CSIC.