
El mar Mediterráneo está experimentando una profunda transformación de su biodiversidad. Más de 1.000 especies no autóctonas han sido registradas en sus aguas, mientras el calentamiento del mar y la llegada de organismos procedentes de otras regiones favorecen la expansión de algunas especies invasoras.
Un reciente análisis recopilado por la Academia de Ciencias, Letras y Artes de Chipre estima, además, que una nueva especie no indígena llega al Mediterráneo aproximadamente cada dos semanas.
Más de 1.000 especies no autóctonas viven ya en el Mediterráneo
Los datos difundidos en agosto de 2026 sitúan en más de 1.000 el número de especies no indígenas registradas en el mar Mediterráneo. La recopilación se basa en investigaciones realizadas por científicos de 11 países mediterráneos.
La cifra muestra la magnitud de un fenómeno que lleva décadas desarrollándose. Como referencia, datos anteriores utilizados por la Agencia Europea de Medio Ambiente situaban por debajo de 800 las especies no indígenas contabilizadas durante el periodo 2012-2017. No obstante, estas cifras deben interpretarse con cierta cautela, ya que pueden existir diferencias entre los periodos analizados, las bases de datos empleadas y los criterios utilizados para contabilizar las especies.
Además, especie no autóctona y especie invasora no significan exactamente lo mismo. Una especie exótica o no autóctona es aquella que aparece fuera de su área de distribución natural debido directa o indirectamente a la actividad humana. Solo se considera invasora cuando consigue establecerse, propagarse y provoca efectos negativos sobre la biodiversidad, los ecosistemas, la economía o la salud.
¿Por qué están aumentando las especies invasoras en el Mediterráneo?
La transformación del Mediterráneo no tiene una única causa. Los investigadores señalan especialmente la combinación de temperaturas marinas cada vez más elevadas y nuevas vías de entrada para organismos procedentes de regiones tropicales y subtropicales.
Uno de los principales corredores es el canal de Suez, que comunica el mar Rojo con el Mediterráneo. Desde su apertura ha permitido que numerosas especies del Indo-Pacífico lleguen a aguas mediterráneas, un proceso conocido como migración lessepsiana.
A esto se suman otras vías de introducción relacionadas con la actividad humana, como:
- Las aguas de lastre de los barcos, que pueden transportar organismos entre regiones muy alejadas.
- Las especies adheridas a los cascos de las embarcaciones y otras estructuras marítimas.
- El transporte marítimo y la acuicultura, que también pueden facilitar introducciones accidentales.
El calentamiento del Mediterráneo actúa además como un importante factor facilitador. Especies procedentes de mares más cálidos encuentran actualmente condiciones ambientales más favorables para sobrevivir, reproducirse y extenderse por zonas en las que anteriormente tenían mayores dificultades para establecerse.
Pez león, peces conejo y pez globo: algunos de los invasores más preocupantes
Entre las especies que están produciendo cambios especialmente visibles en los ecosistemas mediterráneos se encuentran varios peces procedentes de regiones tropicales:
Pez león
El pez león (Pterois miles) se ha expandido rápidamente por el Mediterráneo oriental. Es un depredador que consume peces y crustáceos y posee espinas venenosas que dificultan su captura y reducen la presión de posibles depredadores.

En algunas zonas de Chipre se están probando actualmente trampas selectivas para capturar peces león intentando minimizar al mismo tiempo la captura accidental de especies autóctonas.
Peces conejo
Los peces conejo del género Siganus pueden producir un impacto muy diferente. Son herbívoros que consumen intensamente algas y vegetación marina.

Cuando alcanzan densidades elevadas pueden transformar zonas cubiertas de comunidades algales en fondos empobrecidos o prácticamente desnudos, reduciendo el alimento y refugio disponible para numerosas especies mediterráneas.
También compiten por los recursos con peces herbívoros autóctonos.
Pez globo plateado
Otro de los casos más preocupantes es Lagocephalus sceleratus, conocido como pez globo plateado o pez globo de manchas plateadas.

Además de su impacto ecológico y pesquero, esta especie supone un problema añadido porque contiene tetrodotoxina, una potente neurotoxina que puede resultar mortal para las personas si el animal se consume.
Su presencia también ocasiona daños en artes de pesca y puede afectar a determinadas capturas, por lo que tanto Grecia como Chipre han desarrollado medidas destinadas a favorecer su retirada.
Las especies invasoras están modificando los ecosistemas marinos
El problema no consiste únicamente en que aparezcan peces que antes no estaban presentes. Cuando una especie invasora alcanza una población elevada puede alterar las relaciones ecológicas que mantienen el funcionamiento del ecosistema.

Entre los posibles efectos se encuentran:
- Depredación sobre especies autóctonas que no están adaptadas al nuevo depredador.
- Competencia por alimento, refugio y hábitat.
- Transformación de comunidades de algas y otros organismos del fondo marino.
- Modificación de las redes tróficas.
- Reducción de determinadas poblaciones autóctonas.
- Alteraciones en los recursos pesqueros y en las capturas de los pescadores.
Esta situación resulta especialmente relevante en el Mediterráneo debido a su elevada biodiversidad y a la gran cantidad de actividades humanas que dependen directamente de sus ecosistemas costeros. También puede dificultar la conservación de las áreas marinas protegidas, creadas precisamente para preservar hábitats, comunidades y especies de especial valor ecológico.
El cambio climático favorece la expansión hacia nuevas zonas
La llegada de especies procedentes del mar Rojo no es un fenómeno nuevo. Lo que está cambiando es la capacidad de muchas de ellas para establecerse y avanzar por el Mediterráneo a medida que aumenta la temperatura del agua.
Durante décadas, las condiciones más frías de determinadas regiones suponían una barrera ambiental para algunas especies tropicales. El progresivo calentamiento del mar puede reducir esa barrera.
Por este motivo, el cambio climático y las invasiones biológicas pueden actuar conjuntamente: una especie es introducida por la actividad humana y unas condiciones climáticas cada vez más adecuadas facilitan posteriormente su establecimiento y expansión.
Los efectos no son iguales para todas las especies ni en todo el Mediterráneo, pero los cambios son especialmente evidentes en el sector oriental, más próximo al canal de Suez.
¿Se puede detener la expansión de las especies invasoras?
Una vez que una especie marina invasora se encuentra ampliamente distribuida, su eliminación completa puede resultar extremadamente difícil o incluso inviable. Por ello, la prevención y la detección temprana son fundamentales.
Actualmente se están probando distintas estrategias en países mediterráneos.
En Chipre, por ejemplo, investigadores estudian trampas selectivas para especies como el pez león y el cangrejo azul. También se han desarrollado iniciativas para crear salidas comerciales para determinadas especies invasoras comestibles.
Otra estrategia consiste precisamente en incorporar algunas especies invasoras a la alimentación humana, generando un incentivo económico para aumentar sus capturas. Esta opción puede contribuir al control de determinadas poblaciones, aunque no sirve para todas las especies ni sustituye a las medidas de prevención.
También resulta esencial reducir nuevas introducciones mediante el control de las aguas de lastre, la bioincrustación de los barcos y otras vías asociadas al transporte marítimo. La Agencia Europea de Medio Ambiente señala que el transporte marítimo constituye una de las principales vías de introducción de especies no indígenas en los mares europeos.
El seguimiento científico continuado será igualmente necesario para conocer qué especies están llegando, cuáles consiguen establecerse y, sobre todo, cuáles empiezan a causar impactos ecológicos significativos.
La presencia de más de 1.000 especies no autóctonas demuestra que el Mediterráneo está experimentando una rápida reorganización biológica. El calentamiento de sus aguas y la conexión con otros mares están creando nuevas condiciones ecológicas y, aunque no todas las especies introducidas se convertirán en invasoras, algunas ya están cambiando los ecosistemas mediterráneos, sus cadenas alimentarias y la actividad pesquera.
Fuentes:
Reuters: especies invasoras y calentamiento del Mediterráneo, Academia de Ciencias, Letras y Artes de Chipre, Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA): especies marinas no indígenas en los mares europeos, Scientific Reports: expansión de peces no indígenas en el mar Mediterráneo y PNUMA/MAP: biodiversidad del Mediterráneo y especies marinas no indígenas.