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Los drones revelan por qué algunas ballenas son especialmente vulnerables a los grandes barcos

05/10/2026
Ballena cerca de la superficie en una zona de navegación con grandes barcos

Las colisiones con barcos constituyen una amenaza importante para numerosas poblaciones de grandes ballenas, pero conocer únicamente dónde coinciden cetáceos y rutas marítimas no permite calcular completamente el riesgo. Una nueva investigación realizada con drones demuestra que la profundidad, la visibilidad y, sobre todo, lo que está haciendo una ballena en cada momento pueden modificar considerablemente su vulnerabilidad frente a una embarcación.

El estudio, publicado en Scientific Reports, siguió ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae Borowski, 1781) y rorcuales comunes (Balaenoptera physalus L.,1758) en una zona de alimentación del Pacífico nororiental. Los investigadores estimaron que estos animales pasaban aproximadamente el 70,2% y el 73,5% del tiempo, respectivamente, a 17 metros de profundidad o menos, dentro de la denominada zona potencialmente letal considerada para grandes buques de transporte de combustible.

No basta con saber dónde están las ballenas para conocer el riesgo de colisión

Los mapas que superponen las rutas de navegación con las zonas frecuentadas por las ballenas son fundamentales para detectar lugares de conflicto. Si una ruta comercial atraviesa un área importante de alimentación, reproducción o migración, existe evidentemente una mayor probabilidad de que animales y embarcaciones coincidan.

Sin embargo, que una ballena y un barco se encuentren en la misma zona no significa necesariamente que vayan a colisionar. Para aproximarse mejor al riesgo real también es necesario saber a qué profundidad se encuentra el animal, cómo se desplaza, cuánto tiempo permanece cerca de la superficie y hasta qué punto puede ser detectado desde el buque. Esto es precisamente lo que añade el nuevo trabajo, ya que hasta ahora, los diferentes estados de comportamiento de las ballenas apenas se habían incorporado de forma explícita a los modelos de riesgo de colisión.

Los drones permiten observar lo que desde un barco resulta difícil de ver

Los investigadores utilizaron sistemas aéreos no tripulados, es decir, drones, para seguir individualmente a ballenas jorobadas y rorcuales comunes mientras se desplazaban por sus zonas de alimentación.

La perspectiva aérea presenta una ventaja importante: desde arriba es posible observar no solamente cuándo emerge una ballena, sino también su posición durante parte del tiempo que permanece inmediatamente bajo la superficie. Esto permite reconstruir con mayor detalle sus movimientos y relacionarlos con el comportamiento que está desarrollando.

Seguimiento con drones de una ballena para estudiar su profundidad y comportamiento

El estudio se llevó a cabo en aguas del territorio de la Primera Nación Gitga’at, en la Columbia Británica, Canadá. Se trata de una región del Pacífico nororiental utilizada estacionalmente para alimentarse por ambas especies y donde la actividad marítima constituye un factor cada vez más importante. Allí, los investigadores analizaron aspectos como:

  • La profundidad de las ballenas cerca de la superficie.
  • El tiempo que permanecían en diferentes posiciones dentro de la columna de agua.
  • Su visibilidad potencial desde una embarcación.
  • La velocidad de natación.
  • La dirección y linealidad de sus desplazamientos.
  • Los distintos comportamientos que realizaban.

Después, relacionaron estos datos con las características de 11 clases diferentes de embarcaciones, desde pequeñas embarcaciones de recreo hasta grandes buques de transporte de combustible.

¿Qué significa estar dentro de la «zona letal» de un barco?

Una ballena no necesita encontrarse exactamente en la superficie para poder ser golpeada por un buque. Los grandes barcos tienen un importante calado bajo la línea de flotación. Además, el movimiento de una embarcación de gran tamaño genera flujos hidrodinámicos alrededor del casco y de las hélices que pueden incrementar el peligro para un animal situado inmediatamente debajo.

Por ello, los modelos de colisiones utilizan una zona vertical de riesgo asociada a las características de cada embarcación. Cuanto mayor es el calado del buque, más profundamente puede extenderse esa zona. En el caso de los grandes transportes de combustible considerados en la investigación, los autores utilizaron una profundidad de 17 metros para estudiar la ocupación de la zona potencialmente letal.

Esto no significa que una ballena situada a 16 metros vaya a morir automáticamente si pasa un barco por la zona. Significa que, si las trayectorias del animal y del buque coinciden horizontalmente, la ballena se encontraría a una profundidad en la que podría producirse una interacción potencialmente letal con esa clase de embarcación.

Las ballenas pasan gran parte del tiempo a una profundidad vulnerable

Uno de los principales resultados del estudio demuestra hasta qué punto las grandes ballenas permanecen dentro de esta parte superior de la columna de agua. Los investigadores estimaron que:

  • Los rorcuales comunes permanecían aproximadamente el 70,2% del tiempo a 17 metros de profundidad o menos.
  • Las ballenas jorobadas lo hacían aproximadamente el 73,5% del tiempo.

Estos valores corresponden al periodo diurno estudiado y a la zona de alimentación analizada. No deben extrapolarse automáticamente a todas las poblaciones de estas especies ni a cualquier región del planeta.

Aun con esa precaución, el resultado es importante. Significa que, durante buena parte del día, estas enormes ballenas pueden ocupar precisamente la franja de agua atravesada por los cascos y sistemas de propulsión de los buques de mayor tamaño.

El tamaño del barco cambia cuánto tiempo está una ballena en peligro

La investigación también muestra por qué no puede hablarse de un único nivel de riesgo para todas las embarcaciones. Una pequeña lancha y un gran transportador de gas natural licuado presentan diferencias enormes de tamaño, masa, calado, velocidad y capacidad de maniobra. Por ello, la profundidad a la que una ballena puede estar expuesta a una colisión grave cambia según el tipo de barco.

En los análisis del estudio, la proporción de tiempo que los animales ocupaban las zonas potencialmente letales aumentaba considerablemente a medida que se consideraban embarcaciones de mayor tamaño.

Factor Cómo puede modificar el riesgo
Tamaño y masa del buque Los barcos de mayor tamaño pueden provocar impactos mucho más severos.
Calado Determina hasta qué profundidad se extiende físicamente el casco bajo el agua.
Velocidad Una mayor velocidad reduce el tiempo disponible para reaccionar y aumenta la gravedad potencial del impacto.
Maniobrabilidad Los grandes buques necesitan mucho más espacio y tiempo para modificar su rumbo o detenerse.
Profundidad de la ballena Determina si el animal se encuentra dentro de la zona atravesada por el casco y la propulsión.
Comportamiento de la ballena Modifica la profundidad, velocidad, trayectoria y visibilidad del animal.

El comportamiento de las ballenas cambia su vulnerabilidad

Este es probablemente el resultado más novedoso del trabajo. Las ballenas no utilizan el océano de la misma forma durante todo el día. Pueden estar alimentándose, realizando inmersiones profundas, viajando, descansando o desplazándose lentamente cerca de la superficie. Cada uno de estos comportamientos genera una combinación diferente de profundidad, velocidad, trayectoria y visibilidad. Por tanto, dos ballenas situadas exactamente en el mismo lugar pueden tener niveles de vulnerabilidad muy distintos dependiendo de lo que estén haciendo.

Los investigadores encontraron que los comportamientos relacionados con el descanso y el desplazamiento superficial aumentaban particularmente la vulnerabilidad frente a las colisiones.

Descansar cerca de la superficie puede ser especialmente peligroso

Cuando una ballena descansa, su comportamiento puede parecer favorable para que un barco la detecte porque permanece relativamente cerca de la superficie. Sin embargo, esa misma situación implica que pasa mucho tiempo dentro de la zona vertical en la que puede producirse un impacto.

Además, un animal que se desplaza lentamente dispone de menos movimiento propio para modificar rápidamente su posición respecto a la trayectoria del barco.

Ballena jorobada cerca de la superficie durante un comportamiento que puede aumentar el riesgo de colisión

En las ballenas jorobadas, los estados asociados al descanso se encontraban entre los que presentaban mayor ocupación de la zona potencialmente letal de los grandes buques.

Esto introduce una diferencia importante respecto a modelos basados únicamente en la presencia del animal. Una zona utilizada para descansar puede presentar un riesgo diferente a otra que las ballenas atraviesan realizando inmersiones profundas.

Los rorcuales comunes también son vulnerables cuando viajan cerca de la superficie

En los rorcuales comunes, el desplazamiento superficial fue uno de los comportamientos asociados a mayor vulnerabilidad. Durante estos periodos, los animales permanecían durante más tiempo en capas poco profundas y buena parte de ese tiempo podían estar inmediatamente bajo la superficie en lugar de mostrar claramente el cuerpo fuera del agua.

Desde un dron, una ballena situada pocos metros bajo el agua puede resultar perfectamente reconocible. Para una persona situada en el puente de un enorme buque, observando lateralmente y a considerable distancia, la situación es muy diferente.

La profundidad no determina, por tanto, únicamente si la ballena puede ser golpeada. También condiciona la posibilidad de que la tripulación llegue a verla con suficiente antelación.

Una ballena cerca de la superficie no siempre es una ballena visible

Este es otro de los aspectos importantes de la investigación. Podemos pensar que una ballena de más de diez metros debería ser imposible de pasar por alto, pero observar un cetáceo desde un gran buque puede resultar mucho más difícil de lo que parece.

La detección depende de numerosos factores:

  • La profundidad del animal.
  • La transparencia del agua.
  • El oleaje y el estado del mar.
  • La luz y el reflejo sobre la superficie.
  • La posición del observador.
  • La distancia a la ballena.
  • El comportamiento del animal.
  • El tiempo durante el que permanece visible.

Una ballena que permanece pocos metros bajo el agua puede encontrarse claramente dentro de la trayectoria vertical del buque y, al mismo tiempo, ser muy difícil de detectar desde el puente.

Respirar tampoco garantiza que el barco pueda detectar a tiempo al animal

Las grandes ballenas necesitan regresar periódicamente a la superficie para respirar y el característico soplo puede facilitar su detección. Sin embargo, entre una respiración y la siguiente pueden recorrer una distancia considerable y permanecer completamente sumergidas.

La posibilidad de detectar un animal depende, por tanto, también de la frecuencia respiratoria y del tiempo que transcurre entre apariciones visibles. Si una ballena emerge cuando el buque todavía está lejos y vuelve a sumergirse antes de que la tripulación pueda identificarla, puede continuar dentro de su trayectoria sin resultar evidente.

El estudio combinó estas variables con la velocidad y dirección de los movimientos para caracterizar mejor el riesgo asociado a los distintos comportamientos.

¿Por qué las ballenas no se apartan de los barcos?

Los cetáceos tienen excelentes capacidades sensoriales y pueden detectar numerosos sonidos submarinos, pero eso no significa que interpreten siempre un buque que se aproxima como una amenaza ni que dispongan de tiempo suficiente para evitarlo.

Investigaciones anteriores han observado respuestas muy variables frente a las embarcaciones. Algunos animales alteran su inmersión o trayectoria, mientras que otros muestran cambios muy pequeños hasta que el barco se encuentra a una distancia reducida.

Además, la navegación también genera contaminación acústica en el medio marino. En zonas con mucho tráfico, el ruido de fondo puede complicar todavía más la interpretación de las señales acústicas disponibles.

No podemos asumir, por tanto, que la responsabilidad de evitar una colisión recaiga sobre la ballena.

El riesgo de colisión es la combinación de varias probabilidades

Una colisión no depende de un único factor. Para que se produzca deben coincidir espacial y temporalmente una embarcación y una ballena, sus trayectorias deben aproximarse suficientemente y el animal tiene que ocupar una profundidad peligrosa sin que barco o cetáceo consigan evitar el encuentro.

De forma simplificada, podemos separar diferentes niveles:

Nivel Pregunta
Distribución ¿Hay ballenas y barcos en la misma región?
Coincidencia temporal ¿Utilizan esa zona al mismo tiempo?
Trayectoria ¿Sus recorridos llegan a cruzarse?
Profundidad ¿Está la ballena dentro de la zona alcanzada por el buque?
Visibilidad ¿Puede la tripulación detectarla con suficiente antelación?
Comportamiento ¿Está descansando, viajando, alimentándose o realizando una inmersión profunda?
Respuesta ¿Puede el barco o la ballena modificar la trayectoria antes del encuentro?
Consecuencia Si se produce el impacto, ¿qué probabilidad existe de lesión grave o muerte?

Estar dentro de la zona letal no significa que el 70% de las ballenas vaya a ser atropellado

El nuevo estudio mejora especialmente la información correspondiente a profundidad, visibilidad y comportamiento. En este sentido, los porcentajes del 70,2% y 73,5% necesitan interpretarse correctamente. No representan la probabilidad de que un rorcual común o una ballena jorobada mueran atropellados por un barco. Tampoco indican que siete de cada diez encuentros con un buque terminen en una colisión.

Lo que describen es la proporción estimada del tiempo durante la cual las ballenas permanecían a una profundidad incluida dentro de la zona potencialmente letal de los grandes transportadores de combustible estudiados.

Para que se produzca realmente una colisión también tiene que existir coincidencia horizontal entre las trayectorias, entre otros factores. Esta distinción es esencial para no convertir un resultado sobre vulnerabilidad en una cifra inexistente de mortalidad.

Hay que tener en cuenta que este estudio se realizó durante el día

Existe además otra limitación importante. Las estimaciones de profundidad se refieren al periodo diurno observado mediante drones. Los patrones de inmersión de las ballenas pueden variar entre el día y la noche en función de sus presas, desplazamientos y comportamiento.

Los propios autores indican que ambas especies pueden realizar cambios verticales a lo largo del ciclo diario y que la ocupación de las capas superficiales podría ser incluso mayor durante determinados periodos nocturnos.

Esto añade una dificultad evidente para la prevención: de noche disminuye también la capacidad de realizar una vigilancia visual desde los buques.

Los drones aportan información que antes era difícil obtener

El seguimiento de ballenas mediante transmisores y sensores adheridos temporalmente al cuerpo proporciona datos extremadamente detallados sobre profundidad y movimiento. Sin embargo, desplegar estos dispositivos requiere aproximarse al animal y limita el número de individuos que pueden estudiarse.

Los drones, en cambio, ofrecen una aproximación complementaria y poco invasiva. Desde el aire pueden realizar seguimientos focales y registrar simultáneamente posición, comportamiento, desplazamiento y visibilidad cerca de la superficie.

Además, las imágenes pueden revisarse posteriormente y permiten clasificar comportamientos que desde una embarcación pueden resultar difíciles de diferenciar.

El trabajo muestra así otra aplicación de estas tecnologías para la conservación de grandes animales marinos: no solamente contar individuos, sino entender cómo utilizan el espacio tridimensional del océano.

El lugar del estudio ya estaba considerado una zona de riesgo

Como ya hemos indicado, la investigación se desarrolló en el territorio marino de la Primera Nación Gitga’at, en la Columbia Británica. Estas aguas constituyen una importante zona de alimentación para rorcuales comunes y ballenas jorobadas y se encuentran al mismo tiempo atravesadas por rutas marítimas.

Un estudio anterior de este mismo sistema había advertido de que el aumento previsto del tráfico marítimo, incluido el asociado a proyectos de exportación de gas natural licuado, podía incrementar considerablemente los encuentros entre barcos y ballenas.

El nuevo trabajo no sustituye esas estimaciones. Añade información que permite hacerlas más realistas al demostrar que la vulnerabilidad cambia dependiendo de cómo se comporten los animales cuando se produce la coincidencia con el tráfico marítimo.

Reducir la velocidad de los barcos sigue siendo una medida importante

Conocer mejor el comportamiento de las ballenas puede ayudar a identificar momentos y zonas especialmente sensibles, pero la prevención de colisiones también requiere actuar sobre los propios buques.

Gran buque navegando en una zona frecuentada por ballenas con riesgo de colisión

La velocidad es uno de los factores más importantes. A menor velocidad, la tripulación dispone de más tiempo para detectar y reaccionar ante un animal, mientras que una ballena también dispone de más tiempo para modificar su desplazamiento. Además, la probabilidad de que un impacto provoque lesiones graves o la muerte aumenta con la velocidad de la embarcación.

Entre las principales estrategias utilizadas o estudiadas para reducir las colisiones se encuentran:

  • Limitaciones de velocidad en áreas sensibles.
  • Modificación o desplazamiento de rutas marítimas cuando sea viable.
  • Restricciones temporales durante periodos de elevada presencia de ballenas.
  • Sistemas de detección y aviso.
  • Vigilancia desde los propios buques.
  • Seguimiento acústico y visual.
  • Integración de datos de presencia de cetáceos en la gestión del tráfico marítimo.

La estrategia adecuada dependerá de cada región, especie y tipo de tráfico.

Las áreas marinas protegidas también necesitan gestionar el tráfico

En GreenTeach ya hemos explicado qué son las áreas marinas protegidas y qué funciones tienen. Declarar una zona como protegida puede ayudar a conservar hábitats importantes, pero la protección efectiva depende de las actividades que posteriormente se regulen dentro y alrededor de ella.

Para los grandes cetáceos, cuya distribución puede extenderse mucho más allá de sus límites, la gestión de rutas y velocidades de navegación puede ser tan relevante como la propia delimitación espacial.

La nueva investigación refuerza esta idea porque demuestra que una zona de presencia de ballenas no presenta el mismo nivel de vulnerabilidad durante todo el tiempo. El comportamiento de los animales puede convertir determinados momentos o sectores en escenarios especialmente delicados.

¿Tiene este estudio implicaciones para las ballenas de España?

Los porcentajes obtenidos en Canadá no pueden trasladarse directamente a las poblaciones españolas. La profundidad y el comportamiento dependen de factores como las presas, la topografía marina, la época del año y las características particulares de cada población.

Sin embargo, el método sí resulta relevante para otras regiones con mucho tráfico marítimo y presencia de grandes cetáceos. El rorcual común, una de las dos especies analizadas, también aparece en aguas españolas y está presente en algunos de los espacios marinos protegidos de España.

En el Mediterráneo noroccidental ya se ha documentado una importante superposición entre las zonas de alimentación de rorcuales comunes y las rutas de grandes barcos frente a la costa catalana. Estudios específicos de esa región han señalado las colisiones como una amenaza relevante y han propuesto reducciones de velocidad en determinadas áreas y épocas.

Por tanto, incorporar en el futuro información sobre profundidad, comportamiento y detectabilidad podría ayudar también a perfeccionar las evaluaciones realizadas en aguas europeas.

Conocer dónde están las ballenas sigue siendo fundamental, pero ya no es suficiente

Los mapas de distribución continúan siendo una de las herramientas más importantes para reducir las colisiones entre cetáceos y barcos. Permiten saber dónde se solapan rutas de navegación y hábitats críticos y ayudan a decidir dónde aplicar medidas de mitigación.

El nuevo estudio demuestra, sin embargo, que dos puntos idénticos en un mapa pueden esconder situaciones muy diferentes. Una ballena realizando una inmersión profunda no presenta la misma vulnerabilidad que otra descansando inmediatamente bajo la superficie.

Por eso los autores proponen incorporar el estado de comportamiento a futuros modelos de riesgo. La mejora puede parecer pequeña desde el punto de vista cartográfico, pero representa un cambio importante en la forma de analizar el problema: pasar de estudiar el océano como una superficie bidimensional a considerar la profundidad y el comportamiento de los animales dentro de un espacio tridimensional y dinámico.

Las ballenas no son obstáculos estáticos en una ruta marítima

Una de las principales enseñanzas de la investigación es precisamente que las ballenas no pueden representarse únicamente como puntos de presencia. Se desplazan, bucean, descansan, respiran, se alimentan y modifican continuamente su posición. Cada uno de estos comportamientos cambia cuánto tiempo pasan cerca de la superficie y hasta qué punto pueden ser detectadas desde un barco.

Los rorcuales comunes y las ballenas jorobadas estudiados pasaban, de media, más del 70% del periodo diurno analizado dentro de los primeros 17 metros de la columna de agua, una profundidad compatible con la zona de riesgo considerada para los mayores buques estudiados. Además, los estados de descanso y desplazamiento superficial aparecieron asociados a una mayor vulnerabilidad. Esto no permite predecir exactamente cuándo se producirá una colisión, pero sí proporciona una pieza que faltaba en muchos modelos.

Así pues, para proteger mejor a los grandes cetáceos no basta con conocer dónde coinciden con los barcos. También necesitamos saber qué están haciendo cuando los barcos pasan por allí, a qué profundidad se encuentran y si existe una posibilidad real de detectarlos y evitar el encuentro a tiempo.

Fuentes: Scientific Reports: Drone-based assessment of humpback and fin whale vessel-strike vulnerability; Endangered Species Research: Ship-strike forecast and mitigation for whales in Gitga’at First Nation territory; Frontiers in Marine Science: estudio de una casi colisión entre un gran buque y una ballena azul; y Frontiers in Marine Science: riesgo de colisión para el rorcual común frente a la costa catalana.