
Los microplásticos se han convertido en uno de los contaminantes más difíciles de retirar del agua debido a su pequeño tamaño, su variedad de formas y la facilidad con la que atraviesan algunos sistemas de filtración. Una investigación publicada en 2026 propone utilizar ultrasonidos contra los microplásticos para concentrar y separar estas partículas antes de que lleguen a ríos o mares.
El sistema no destruye el plástico ni pretende “limpiar el océano” mediante ultrasonidos. Se trata de una trampa acústica experimental diseñada para actuar sobre corrientes de agua relativamente pequeñas, como las que podrían encontrarse cerca del punto donde se generan microfibras y otros microplásticos.
En los ensayos, el dispositivo consiguió capturar más del 95% de microesferas de poliestireno de 85 micrómetros bajo determinadas condiciones y también funcionó con partículas más pequeñas y fibras de poliéster. Los resultados son prometedores, aunque todavía existen importantes dificultades antes de pensar en una aplicación doméstica o industrial generalizada.
Cómo pueden los ultrasonidos separar microplásticos del agua
El dispositivo utiliza un fenómeno conocido como acustofluídica: la interacción entre ondas acústicas y partículas suspendidas en un líquido. En lugar de usar un filtro físico muy fino, los investigadores generan dentro de un canal de acero inoxidable un campo de ondas ultrasónicas estacionarias de 2 MHz.
Estas ondas crean zonas de presión determinadas dentro del agua. Las fuerzas acústicas desplazan las partículas hacia esos puntos, concentrándolas en posiciones concretas del canal y facilitando su separación del flujo de agua. Es decir, el ultrasonido no hace desaparecer el microplástico; lo mueve y concentra para poder retirarlo posteriormente.
Los métodos de filtración convencional pueden encontrar dificultades con partículas muy pequeñas y también sufrir obstrucciones cuando se acumula material. Una trampa acústica podría funcionar sin una barrera física atravesada continuamente por el agua, aunque eso no significa que esté libre de otros problemas operativos.
Los autores plantean especialmente su posible utilización para interceptar contaminación procedente del lavado de textiles, una de las fuentes de microfibras sintéticas en las aguas residuales.

Más del 95% de captura, pero en condiciones experimentales
El estudio probó el sistema con microesferas de poliestireno de entre 32 y 85 micrómetros y con microfibras de poliéster de aproximadamente 0,5 milímetros de longitud y 13 micrómetros de diámetro.
La configuración optimizada alcanzó una eficiencia superior al 95% para partículas de poliestireno de 85 micrómetros, trabajando con una concentración de 150 mg/L y un caudal de 150 mL por minuto. El dispositivo también mantuvo un funcionamiento efectivo al procesar hasta 1,5 litros de agua en una prueba continua.
Estos números demuestran que la física del sistema funciona, pero también la distancia que todavía existe respecto a una planta de tratamiento de aguas o a un sistema capaz de procesar grandes caudales. Las condiciones de laboratorio utilizan partículas seleccionadas, concentraciones conocidas y un flujo controlado, mientras que las aguas residuales reales contienen una mezcla mucho más compleja de fibras, fragmentos, materia orgánica y otros sólidos.
Además, los investigadores detectaron un problema importante después de aproximadamente 10 minutos de funcionamiento. El calentamiento del dispositivo modificaba ligeramente la frecuencia de resonancia y, junto con la acumulación de partículas, reducía su rendimiento. Mantener estable esa resonancia durante periodos largos será uno de los retos necesarios antes de plantear una aplicación práctica.
También será necesario estudiar con más detalle el consumo energético del sistema en relación con la cantidad de agua tratada y de microplásticos retirados. Una tecnología puede ser eficaz desde el punto de vista físico y, sin embargo, resultar poco competitiva si necesita demasiada energía para tratar grandes volúmenes de agua.
La clave está en capturar los microplásticos antes de que lleguen al mar
El mayor interés de este tipo de tecnologías probablemente no esté en intentar retirar microplásticos una vez dispersos por el océano. Allí las partículas aparecen en enormes volúmenes de agua, a concentraciones muy bajas y mezcladas con organismos y materia natural, lo que hace extraordinariamente difícil separarlas sin afectar al ecosistema.
Por eso, los propios autores describen la trampa acústica como una posible tecnología de captura en el punto de origen. Interceptar microfibras en aguas procedentes de lavadoras, lavanderías, industrias textiles o determinados efluentes podría ser mucho más eficiente que intentar recuperarlas después de que hayan alcanzado ríos y mares.

Por ahora, por tanto, no estamos ante una máquina capaz de limpiar ríos u océanos de microplásticos. El resultado muestra algo más concreto pero también relevante: las fuerzas acústicas pueden concentrar y capturar partículas de plástico muy pequeñas en corrientes de agua, y podrían convertirse en una herramienta adicional para evitar que parte de esa contaminación llegue al medio natural.