
La revista Science ha publicado una breve carta que pone el foco en una limitación importante de muchos programas de seguimiento de fauna: saber cuántos animales quedan no siempre permite saber cómo están respondiendo a los cambios de su entorno, ya que una población puede continuar presente e incluso mantener cifras aparentemente estables mientras modifica su comportamiento para adaptarse a nuevas presiones.
La pieza, titulada «Biodiversity monitoring misses behavior», señala que los grandes indicadores de biodiversidad suelen registrar si las especies persisten, disminuyen o se recuperan, pero pueden dejar fuera cambios de comportamiento. Esto importa porque alteraciones en la alimentación, la reproducción, los horarios de actividad, los desplazamientos o el uso del territorio pueden aparecer antes de que una caída poblacional resulte evidente.
El planteamiento amplía una pregunta fundamental para la conservación: ¿qué significa realmente monitorizar la biodiversidad? Contar individuos sigue siendo esencial, pero observar únicamente la abundancia puede ofrecer una imagen incompleta de lo que está ocurriendo en una población.
Qué puede ocultar un censo de animales aparentemente estable
Los censos permiten detectar tendencias básicas: cuántos individuos hay, dónde aparecen y si una población crece o disminuye. Estos datos son imprescindibles para evaluar el estado de las especies, pero no describen por sí solos cómo viven esos animales ni cómo están utilizando el ecosistema.
Imaginemos una población de aves cuyo número apenas cambia durante varios años. Esa estabilidad no descarta que los individuos estén encontrando alimento más lejos, reproduciéndose más tarde, evitando determinadas zonas o desplazando sus horas de actividad para reducir la exposición a personas, ruido, calor u otras perturbaciones. El número de animales puede tardar más en reflejar un problema que su comportamiento.
Esto es especialmente relevante cuando las presiones ambientales no provocan una mortalidad inmediata. La fragmentación de hábitats, por ejemplo, puede dificultar los desplazamientos entre zonas adecuadas antes de que el aislamiento termine traduciéndose en descensos claros de abundancia. Algo similar puede ocurrir con la contaminación, las perturbaciones humanas o los cambios en la disponibilidad de alimento.

El comportamiento también forma parte de la respuesta de una especie
La biodiversidad no se limita al número de especies presentes en un lugar. GEO BON, la red internacional dedicada a mejorar la observación de la biodiversidad, organiza sus Variables Esenciales de Biodiversidad en dimensiones que incluyen composición genética, poblaciones, rasgos de las especies, composición de comunidades y características de los ecosistemas.
Dentro de los rasgos de las especies, GEO BON incluye variables como la fenología, el movimiento y la reproducción. El movimiento abarca comportamientos relacionados con la movilidad espacial, como la dispersión y las rutas migratorias, mientras que la reproducción permite observar cambios en aspectos que pueden determinar la viabilidad futura de una población.
Esto ayuda a entender por qué una especie puede seguir apareciendo en un inventario y, sin embargo, estar experimentando cambios relevantes. Una modificación sostenida en cuándo migra, dónde busca alimento o qué zonas evita puede indicar que las condiciones ecológicas ya no son las mismas.
No todo cambio de comportamiento implica necesariamente que una población esté en declive. La conducta también es una herramienta de adaptación y muchas especies responden de manera flexible a cambios ambientales. El problema surge cuando únicamente medimos presencia o abundancia y, por tanto, no sabemos si esa flexibilidad está ayudando a la especie o si constituye una señal temprana de estrés.
Qué significa monitorizar de verdad la biodiversidad
Un seguimiento más completo combina distintas escalas de información. A los censos de abundancia y distribución pueden añadirse observaciones directas, cámaras trampa, grabadores acústicos, telemetría, dispositivos de seguimiento o estudios de reproducción y fenología, dependiendo de la especie y de la pregunta que se quiera responder.
No se trata de registrar todos los comportamientos de todos los animales. Eso sería inviable. La clave está en identificar qué variables pueden actuar como señales tempranas de los cambios ecológicos más importantes y mantener series de datos comparables durante suficiente tiempo.

Este enfoque también encaja con el concepto de Variables Esenciales de Biodiversidad: generar observaciones estandarizadas que puedan transformarse en indicadores útiles para conservación y toma de decisiones. El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal dispone, además, de un sistema internacional de seguimiento para comprobar el avance hacia sus objetivos de conservación.
Así pues, una población no se puede comprender únicamente contando individuos. Para detectar antes los efectos del cambio climático, la transformación de los hábitats y otras presiones humanas, cada vez será más importante saber no solo cuántos animales quedan, sino también cómo están viviendo.
Fuentes: Science, GEO BON y Convenio sobre la Diversidad Biológica.