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Sobrepastoreo y sequía: por qué el mismo número de animales puede dañar de forma distinta cada ecosistema

31/10/2026
Ganado pastando en un ecosistema seco con vegetación escasa por la sequía

El sobrepastoreo suele explicarse como un problema de exceso de ganado, pero un nuevo estudio publicado en Scientific Reports muestra que la realidad es más compleja. Una misma presión ganadera no provoca necesariamente el mismo efecto en todos los ecosistemas secos, porque la respuesta de la vegetación depende en gran medida del clima y de las condiciones ambientales de cada lugar.

La investigación analizó cómo interactúan la intensidad del pastoreo y el contexto climático sobre la composición de las plantas, su diversidad funcional y la estructura de la vegetación. El trabajo se realizó en 75 parcelas distribuidas en cinco zonas topo-climáticas de un pastizal montañoso protegido del sureste de Irán, siguiendo un gradiente estandarizado de presión ganadera.

Los resultados refuerzan una idea importante para la gestión de los pastizales: no existe una carga ganadera universal que pueda aplicarse de la misma manera a todos los ambientes secos. El clima actúa como un filtro que determina qué especies y estrategias vegetales pueden prosperar, mientras que el pastoreo modifica esa comunidad dentro de los límites que impone cada ambiente.

El clima cambia la respuesta de las plantas al pastoreo

Los investigadores encontraron una interacción significativa entre pastoreo y clima. La composición de especies variaba tanto entre las diferentes zonas climáticas como a lo largo del gradiente de presión ganadera, lo que demuestra que el efecto del ganado depende del contexto ambiental.

Una de las respuestas más claras apareció en la riqueza funcional, una medida que describe la variedad de estrategias ecológicas presentes en la comunidad vegetal. Esta aumentó con el pastoreo en las zonas más frescas y húmedas, mientras permaneció mucho más limitada en los ambientes más cálidos y áridos. En cambio, otras métricas, como la uniformidad y la divergencia funcional, fueron comparativamente más estables.

La cubierta vegetal también respondió con fuerza al pastoreo, aunque la magnitud e incluso la dirección de los cambios variaron entre zonas climáticas. Según los autores, el clima establece primero el marco dentro del que puede organizarse la comunidad vegetal y, después, el ganado actúa como un segundo filtro que modifica qué especies y rasgos dominan.

Ganado pastando entre vegetación de un ecosistema seco y semiárido

Qué ocurre cuando un pastizal supera su capacidad de carga

La capacidad de carga de un pastizal puede entenderse como la cantidad de animales que el terreno puede sostener sin que el consumo de vegetación supere de forma continuada su capacidad de recuperación. No es una cifra fija: depende de la disponibilidad de alimento, la lluvia, la temperatura, el tipo de suelo, la estación del año y el estado previo de la vegetación.

Cuando la presión ganadera se mantiene por encima de esa capacidad, los animales consumen los brotes más rápido de lo que las plantas pueden regenerarlos. Además del consumo directo, el pisoteo puede favorecer la compactación del suelo, reducir la infiltración de agua y dejar una mayor proporción de superficie desnuda.

A partir de ahí, puede iniciarse una cadena de degradación: menos cubierta vegetal implica una menor protección frente a la lluvia y el viento; aumenta la escorrentía y la erosión del suelo; se pierde materia orgánica y capacidad para almacenar agua; y la vegetación tiene todavía más dificultades para recuperarse durante las sequías.

Además, en las tierras secas, donde el agua ya es el principal factor limitante, esta retroalimentación puede ser especialmente problemática. Si la degradación se mantiene durante suficiente tiempo, puede contribuir a procesos de desertificación. La FAO considera precisamente el equilibrio entre la demanda de forraje del ganado y la capacidad del terreno para producirlo sin degradarse como uno de los principios centrales de la gestión de pastizales.

La sequía obliga a adaptar el número de animales al ecosistema

El nuevo estudio no concluye que el pastoreo sea siempre perjudicial. De hecho, en determinadas condiciones puede modificar la comunidad vegetal sin reducir necesariamente todas sus funciones, y algunos ambientes mostraron una mayor riqueza funcional bajo ciertos niveles de pastoreo. El problema aparece cuando se intenta gestionar territorios climáticamente distintos con la misma intensidad.

Un pastizal que recibe más lluvia o mantiene mejor la humedad del suelo puede recuperar biomasa con mayor rapidez que otro sometido a temperaturas elevadas y una fuerte aridez. Por eso, el mismo número de animales por hectárea puede ser compatible con un ecosistema y excesivo para otro, especialmente durante periodos secos.

Por ello, los autores proponen incorporar el contexto climático a las decisiones de manejo y utilizar estrategias adaptativas en lugar de límites uniformes. Esto implica ajustar la presión ganadera a la productividad real del terreno, su estado de conservación y las condiciones de cada año, algo cada vez más relevante ante el aumento de la sequía y la aridez asociado al cambio climático.

Suelo seco con poca cubierta vegetal en un pastizal sometido a fuerte presión ganadera

El estudio aporta así una visión más matizada del sobrepastoreo: no basta con contar animales, también hay que conocer la capacidad ecológica del lugar donde pastan. Mantener una cubierta vegetal suficiente y evitar que el suelo entre en una dinámica de degradación puede marcar la diferencia entre un pastizal productivo y un territorio cada vez más vulnerable a la erosión y la desertificación.

Fuentes: Scientific Reports, FAO y UNCCD.