
Los bosques tropicales y subtropicales del sudeste y sur de Brasil están mostrando una señal preocupante: su capacidad para actuar como sumideros de carbono sobre el suelo se está debilitando con el tiempo, a la vez que las comunidades de árboles se están volviendo más parecidas entre sí.
Un estudio publicado en Nature Communications analizó datos de seguimiento a largo plazo de 49 bosques distribuidos por esta región de Brasil. Los investigadores estudiaron tanto las ganancias y pérdidas de carbono en la biomasa aérea como los cambios en la diversidad de árboles.
El trabajo detecta una tendencia simultánea hacia la homogeneización taxonómica, funcional y filogenética, así como hacia un menor balance positivo de carbono. Eso no significa que todos los bosques brasileños se hayan convertido ya en fuentes netas de CO₂, sino que en los lugares estudiados el sumidero se está debilitando y algunos bosques pueden aproximarse a una transición desde sumideros persistentes hacia fuentes de carbono.
Los bosques almacenan carbono, pero no todos funcionan de la misma manera
Un bosque actúa como sumidero cuando el carbono que incorpora al crecer supera al que pierde por mortalidad y otros procesos. Buena parte de ese carbono queda almacenado en troncos, ramas y otros tejidos vegetales.
El estudio muestra que este funcionamiento está relacionado con la composición de las comunidades de árboles. Los bosques dominados por especies con rasgos más conservadores —estrategias asociadas a crecimiento más lento, tejidos duraderos y una mayor inversión en supervivencia— tendieron a registrar mayores ganancias de carbono y menores pérdidas.
Al mismo tiempo, las comunidades forestales mostraron una progresiva homogeneización. Esto significa que los bosques se están volviendo más similares no solo en las especies que contienen, sino también en sus características funcionales y en la diversidad evolutiva representada.

La relación entre diversidad y carbono, sin embargo, no es tan simple como afirmar que un bosque más homogéneo siempre almacena menos carbono. Los propios resultados muestran que los bosques más homogéneos también podían presentar menores pérdidas de carbono. La composición concreta de las especies y sus rasgos resulta, por tanto, tan importante como el número de especies presentes.
Esta complejidad refuerza una idea que también aparece al hablar del papel de los bosques en el clima y la biodiversidad: un bosque no es únicamente una acumulación de árboles. Su funcionamiento depende de qué especies lo forman, cómo crecen y cómo responden a las condiciones ambientales.
Un sumidero de carbono que se debilita con el tiempo
Los datos de los 49 emplazamientos revelaron una disminución a largo plazo del sumidero de carbono sobre el suelo. El estudio se suma así a otras investigaciones que advierten de cambios en la capacidad de distintos bosques tropicales para seguir capturando carbono al mismo ritmo que en décadas anteriores.
Los autores sitúan estos resultados en un contexto de cambio ambiental continuado. El aumento de las temperaturas, las sequías, las alteraciones del territorio y otras presiones, pueden modificar la mortalidad, el crecimiento y la composición de las comunidades forestales. No obstante, este trabajo se centra principalmente en describir las tendencias observadas y su relación con la diversidad y los rasgos de los árboles, por lo que no atribuye todo el debilitamiento del sumidero a una única causa.

El hallazgo es relevante para el cambio climático porque los bosques terrestres absorben una parte importante del CO₂ emitido por las actividades humanas. Si determinados ecosistemas forestales reducen progresivamente esa capacidad, una mayor proporción del carbono emitido puede permanecer en la atmósfera.
También tiene implicaciones para la conservación. Mantener la superficie forestal sigue siendo esencial, pero los resultados indican que conservar la diversidad y la composición ecológica de los bosques puede ser igualmente importante para preservar su funcionamiento.
No obstante, el estudio no permite extrapolar sus resultados a todos los bosques de Brasil ni afirmar que el país haya perdido ya su función de sumidero forestal. Su alcance se limita a los 49 bosques tropicales y subtropicales analizados en el sudeste y sur del país. Aun así, la tendencia observada es una señal de alerta: un bosque puede seguir en pie y, al mismo tiempo, cambiar por dentro hasta funcionar de una manera diferente.
Comprender esos cambios será clave para saber cuánto carbono podrán seguir almacenando los bosques brasileños en un clima cada vez más cálido.
Fuente principal: Vinícius Andrade Maia et al., Long-term decline in above-ground carbon sinks in Brazilian tropical and subtropical forests, Nature Communications, 2026