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Ébola Bundibugyo: emergencia sanitaria en la República Democrática del Congo

05/09/2026
epidemia de virus Ébola Bundibugyo en Congo, portada

Desde mayo de 2026 la República Democrática del Congo (RDC) se enfrenta a una de las crisis sanitarias más complejas de su historia reciente, debido a la epidemia por el brote del virus Ébola Bundibugyo (BDBV) propagándose a una velocidad sin precedentes. Este es el decimoséptimo brote de ébola que ha sufrido la RDC desde que se descubrió el primer caso en 1976, y el tercero en el que interviene específicamente la variante de Bundibugyo.

En este artículo os contamos qué es el Ébola Bundibugyo, qué síntomas causa, qué tratamientos tiene, la historia de sus brotes y el gran brote que está sufriendo el Congo, donde ya supera las 5000 infecciones y acumula más de 2400 fallecimientos.

Qué es el Ébola Bundibugyo

El Ébola Bundibugyo (BDBV) o Ebolavirus Bundibugyo es un virus ARN monocatenario negativo estrechamente relacionado con el ebolavirus Zaire (EBOV), causante de la enfermedad de Ébola en humanos.

Su nombre deriva de Bundibugyo, en el oeste de Uganda, donde se descubrió por primera vez. El virus ha causado brotes de ébola en 2007, 2012 y la epidemia de ébola en África Central de 2026.

virus del Ébola Bundibugyo

Diagnóstico y sintomatología del virus Ébola Bundibugyo

El virus Ébola Bundibugugyo causa los mismos síntomas de Ébola o fiebre hemorrágica del Ébola de cualquier ebolavirus, pero con una incidencia de 25 a 40% tiene una tasa de mortalidad menor.

Tras un periodo de incubación de 2 a 21 días, los primeros síntomas son inespecíficos como fiebre alta (>38ºC), astenia pronunciada, dolor muscular, de cabeza y retroorbiratorio. Posteriormente, suelen desarrollarse síntomas gastrointestinales graves, como diarrea profusa, vómitos y dolor abdominal, que pueden provocar rápidamente pérdidas significativas de líquidos y electrolitos. Además, pueden aparecer erupciones cutáneas, conjuntivitis y afectación de las mucosas. En casos graves, se produce sangrado como resultado de disfunción vascular y trastornos de la coagulación sanguínea, incluyendo petequias, hematomas, hemorragia gastrointestinal y hemorragia de las mucosas. Las complicaciones progresivas pueden incluir disfunción hepática y renal, inestabilidad circulatoria, choque hipovolémico o séptico e insuficiencia multiorgánica.

El virus se transmite principalmente por contacto directo con fluidos corporales infecciosos. Se consideran infecciosos: la sangre, el vómito, las heces, la saliva y otras secreciones de personas sintomáticas. Los objetos contaminados también pueden contribuir a la transmisión.

Debido al aumento significativo de la carga viral, la infectividad y el riesgo de transmisión aumentan considerablemente con el tiempo, lo que resulta en un mayor riesgo, particularmente en etapas avanzadas de la enfermedad y post mortem.

Traslado de un fallecido por Ébola Bundibugyo

Un obstáculo importante en la respuesta a este brote es la capacidad de diagnosticar rápidamente a las personas afectadas por la enfermedad. Las pruebas de PCR requieren cartuchos de diagnóstico específicos para el virus. Sin embargo, no hay suficientes cartuchos disponibles para el virus de Bundibugyo, lo que ralentiza considerablemente la confirmación de los casos y, en consecuencia, la implementación del rastreo de contactos y el aislamiento de los pacientes. Y aunque posteriormente la OMS ha autorizado de emergencia test específicos para Bundibugyo y existen paneles de PCR múltiple capaces de realizar diagnósticos diferenciales en pocas horas, el factor económico sigue siendo un muro insalvable.

Dicha demora en la detección ha sido, de hecho, uno de los factores determinantes en la magnitud de la tragedia. La evidencia epidemiológica indica que “el virus ya circulaba de manera silenciosa mucho antes de la declaración oficial de la emergencia sanitaria”.

“La realidad es que a día de hoy lo que parece es que el brote llevaba varias semanas o incluso meses circulando con un nivel más bajo, una intensidad más baja hasta que pudo ser detectado y generalmente eso es lo que puede explicar en parte, entre otras cosas, el grado de expansión que tiene este brote”, aclara el portavoz de la SEIMC.

Por otro lado, se desconoce la ecología del Ébola Bundibugyo y aún no se ha identificado ningún huésped reservorio. Por lo tanto, sigue sin estar claro cómo se introdujo el BDBV en la población humana, aunque se sospecha que los murciélagos albergan el virus.

Cómo se trata la variante Bundibugyo del Ébola

Por el momento no existe una terapia antiviral específica, por lo que el tratamiento es exclusivamente sintomático y de apoyo e incluye, en particular, la estabilización del sistema circulatorio, la corrección de la pérdida de líquidos y electrolitos, y el tratamiento de infecciones secundarias. En casos graves, puede ser necesario el ingreso en la unidad de cuidados intensivos.

No obstante, hay dos vacunas aprobadas contra el ébola, pero ninguna de ellas está aprobada para su uso en casos de infección por el virus de Bundibugyo. Una tercera ha mostrado protección cruzada en estudios con animales y se está preparando para avanzar hacia un ensayo de fase tres. Además, el ensayo PARTNERS, patrocinado por la OMS para estudiar posibles tratamientos, ya cuenta con 100 pacientes. Asimismo, existen candidatos antivirales y anticuerpos monoclonales experimentales, aunque su eficacia aún no se ha establecido.

A falta de tratamientos y vacunas, para limitar la propagación, se lleva a cabo una combinación de medidas epidemiológicas y de salud pública: aislamiento temprano de los casos sospechosos y confirmados, seguimiento diario de los contactos durante 21 días con cuarentena inmediata ante la aparición de síntomas, protocolos estrictos de prevención y control de infecciones (higiene de manos, gestión de residuos, puntos de agua clorada, Equipos de Protección Individual para el personal sanitario); entierros seguros y dignos para prevenir la transmisión durante los rituales funerarios; y trabajo epidemiológico sobre el terreno para reconstruir las cadenas de transmisión e identificar prácticas de alto riesgo.

Asimismo, también es fundamental garantizar el acceso continuado a la atención no relacionada con el ébola para las personas de las zonas afectadas.

cartel con medidas para la epidemia del Ébola Bundibugyo

Historia y brotes anteriores del virus Ébola Bundibugyo

El virus Ébola Bundibugyo se observó por primera vez el 1 de agosto de 2007, cuando comenzó un brote de fiebre hemorrágica viral en los municipios de Bundibugyo y Kikyo del distrito de Bundibugyo en el oeste de Uganda. Se enviaron muestras de sangre de casos sospechosos a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, donde se confirmó la presencia de un ebolavirus el 29 de noviembre de 2007. Un análisis exhaustivo reveló que el ebolavirus era pariente, pero no idéntico, a los otros cuatro ebolavirus conocidos en ese momento. El brote fue declarado finalizado el 20 de febrero de 2008.

El 17 de agosto de 2012, la World Health Organisation informó de un segundo brote, que se sospechaba que había infectado a 15 personas y causado la muerte de 10, incluidos tres trabajadores sanitarios, en Isiro, Pawa y Dungu, provincia Oriental, República Democrática del Congo. Se confirmó que dos de los casos correspondían al virus BDBV y que la fuente fue la carne de animales salvajes. Para el 12 de septiembre, se había extendido a Viadana y se habían notificado un total de 41 casos (9 confirmados por laboratorio y 32 probables) en el distrito de Haut-Uélé, en la provincia Oriental. La República Democrática del Congo anunció un recuento final de 77 casos (36 confirmados, 17 probables y 24 sospechosos) con 36 muertes.

Brote de Ébola Bundibugyo de mayo de 2026 en la República Democrática del Congo

El 15 de mayo de 2026, se informó de un tercer brote en Uganda y la República Democrática del Congo de Ébola Bundibugyo y la epidemia fue declarada emergencia de salud pública de importancia internacional por la OMS dos días después. A 17 de mayo, se habían reportado ocho casos confirmados por laboratorio, 246 casos sospechosos y 80 muertes sospechosas en la provincia de Ituri, sin embargo, más de 50 personas ya habían fallecido desde principios de abril.

Médicos Sin Fronteras recibió las primeras alertas los días 9 y 10 de mayo, en las que se informaba de un número creciente de muertes en la zona sanitaria de Mongwalu, al noroeste de Bunia, en Ituri. Posteriormente, se identificaron casos en las zonas sanitarias de Bunia y Rwampara, y unos días más tarde en la provincia vecina de Kivu Norte, incluida su capital, Goma, lo que apunta a una propagación ya significativa por todo el territorio.

No obstante, mientras que la provincia de Ituri concentra el epicentro de la transmisión con el 90% de los casosla provincia vecina de Kivu Norte registra una tasa de letalidad alarmante de casi el 70% (69,9%).

Dos meses después de que se declarara oficialmente el brote de ébola en la RDC, la epidemia sigue propagándose a un ritmo sin precedentes y llegando a nuevas zonas, con más de 2.000 casos confirmados y más de 750 fallecidos. En solo dos meses, el brote de Ébola Bundibugyo, se ha convertido en el tercer brote más grande de ébola y en el de más rápido crecimiento de todos los registrados hasta la fecha.  

Finalmente, casi 5000 personas se han contagiado y más de 2400 han muerto en seis provincias de la República Democrática del Congo a causa del Ébola Bundibugyo.

Sanitarios y MSF en el Congo

El sistema de vigilancia del país está diseñado para detectar casos de forma precoz a través de sólidas redes comunitarias y del sistema sanitario local. Sin embargo, el actual brote de ébola, junto con otras muchas amenazas sanitarias, ha llevado al sistema al límite.

Además, hay que tener presente que este brote de ébola se está desarrollando en un contexto de conflicto armado, desplazamientos y múltiples emergencias sanitarias simultáneas. La inseguridad sigue restringiendo el acceso a algunas comunidades, mientras que los equipos de Médicos Sin Fronteras responden simultáneamente a otras necesidades médicas urgentes, como el cólera y la malaria. También se prevé que la proximidad de la temporada de lluvias provoque un aumento de los casos de malaria, lo que supondrá una carga adicional para un sistema sanitario ya de por sí sobrecargado.

Sin embargo, a pesar de la gravedad general, existen importantes señales de éxito que demuestran que el control de la epidemia es posible si se aplican las medidas adecuadas de forma coordinada. La provincia congoleña de Kivu Sur acumula más de 75 días sin registrar contagios, mientras que Uganda logró declarar el fin del brote en su territorio nacional el pasado 28 de julio tras registrar únicamente 20 casos confirmados y dos fallecimientos.

Riesgo de propagación internacional

El riesgo de propagación internacional sigue siendo elevado, ya que los movimientos de población pueden llevar el virus de un país a otro. De hecho, en Francia se detectó un caso en un viajero procedente de la región afectada. Por ello, es esencial reforzar la vigilancia y la coordinación entre países para detectar rápidamente nuevos casos y evitar que se establezcan nuevas cadenas de transmisión.

No obstante, el portavoz de la SEIMC descarta de forma categórica la posibilidad de que se originen brotes comunitarios fuera del continente africano, y recuerda que se sigue considerando como bajo el riesgo para Europa y otras partes del mundo fuera de la RDC y los países vecinos. El hecho de que haya casos aislados es posible y no descarto que los haya, sobre todo si el brote sigue ampliando su magnitud, pero que esos casos puedan generar una cadena de transmisión sostenida como transmisión comunitaria es extremadamente poco probable por las características del sistema sanitario y la capacidad de aislamiento y contención biológica que tenemos ahora mismo en los países europeos.

Fuentes: Wikipedia, Médicos Sin Fronteras y Gaceta Médica