
En nuestro planeta Tierra tenemos la circulación termohalina o cinta transportadora oceánica, la cual es un sistema global de corrientes impulsado por la densidad del agua, y la AMOC, Circulación de vuelco meridional del Atlántico o corriente meridional del Atlántico, una gran «cinta transportadora» que forma parte de la termohalina y que transporta agua cálida hacia el norte y agua fría hacia el sur en el Atlántico. En las últimas décadas se ha observado un debilitamiento de estas corrientes y ahora Islandia declara el colapso de la AMOC, lo cual podría cambiar para siempre la vida en Europa y otras regiones del planeta.
La Circulación de vuelco meridional del Atlántico o AMOC es una gigantesca cinta transportadora submarina que mueve aguas cálidas desde el trópico hasta el norte del Atlántico, regulando el clima de buena parte del hemisferio norte. Su funcionamiento es fundamental para suavizar los inviernos europeos y estabilizar los patrones climáticos globales, pero su fragilidad es mayor de lo que se creía. El derretimiento acelerado del hielo en Groenlandia y el Ártico está inyectando grandes volúmenes de agua dulce y fría al Atlántico Norte, interfiriendo en la formación de aguas profundas y, por tanto, en el mecanismo de renovación que mantiene viva la AMOC. Su colapso podría dar lugar a una pequeña era glacial en Europa y un aumento (todavía mayor) de las temperaturas en el hemisferio Sur (por retener el calor allí), provocando un desajuste climático global con consecuencias impredecibles.

En octubre de 2025, una cumbre científica celebrada en Reikiavik reunió a más de 60 especialistas para evaluar no solo la probabilidad del colapso, sino sus consecuencias reales sobre las sociedades humanas. El resultado ha sido contundente: el impacto sería tan profundo que afectaría desde el comercio global hasta la producción de alimentos, el abastecimiento energético y la cohesión social. Por ejemplo, en Europa se producirían inviernos mucho más fríos, tormentas extremas, menor productividad agrícola y una alteración en los ecosistemas marinos que afectaría gravemente a la pesca; pero en el hemisferio sur podría modificar los monzones, intensificar sequías y agravar la inseguridad alimentaria en regiones altamente vulnerables, así como también se aceleraría el calentamiento en la Antártida, favoreciendo el retroceso de los glaciares y elevando aún más el nivel del mar.
Islandia es un país que se encuentra en el corazón de este sistema oceánico y que un clima relativamente suave, teniendo en cuenta la latitud a la que se encuentra, gracias al efecto de dicha corriente; pero ahora Islandia declara el colapso de la AMOC como una amenaza directa a su seguridad nacional, un paso inédito que marca un antes y un después en la manera en que los Estados abordan el cambio climático: ya no como un fenómeno ambiental lejano, sino como un peligro estratégico que puede afectar la estabilidad interna, la economía y la supervivencia misma.
Así lo ha confirmado Jóhann Páll Jóhannsson, ministro de Medio Ambiente, Energía y Clima de Islandia: «Nuestro clima, economía y seguridad están profundamente ligados a la estabilidad de las corrientes oceánicas que nos rodean».
Islandia «estaría cerca del epicentro de un enfriamiento regional grave», lo que significa que el país quedaría prácticamente rodeado de hielo marino. Para el ministro, la perspectiva de un posible colapso de la AMOC supone una «amenaza existencial» que podría ser devastadora para la infraestructura, el transporte e industrias vitales como la pesca.
Por primera vez, un fenómeno natural ha sido formalmente incluido en la agenda del Consejo Nacional de Seguridad. Esto permite que todos los ministerios del país actúen de forma coordinada y que se activen planes de emergencia que hasta ahora solo se reservaban para catástrofes volcánicas, terremotos o amenazas militares.
Entre las medidas que ya están siendo evaluadas se encuentran la creación de reservas estratégicas de alimentos y combustible, la modernización de infraestructuras clave, y el refuerzo de capacidades logísticas ante fenómenos extremos como tormentas, heladas prolongadas o bloqueos en las rutas marítimas.
Asimismo, el gobierno también está financiando nuevas investigaciones para detectar señales tempranas de un posible colapso de la AMOC y cómo responder con rapidez.
La decisión de Islandia supone un hito histórico en la respuesta a la crisis climática que vive el planeta. «Lo que sí sabemos es que el clima actual podría cambiar tan drásticamente que nos resultaría imposible adaptarnos», concluye el ministro. «En resumen, no se trata solo de una preocupación científica, sino de una cuestión de supervivencia y seguridad nacional».

No obstante, la reacción internacional ha sido desigual. Mientras algunos países como Noruega, Irlanda o el Reino Unido han empezado a financiar estudios para entender mejor la situación, otros siguen considerando improbable un colapso en este siglo. Pero las voces científicas más respetadas insisten en que no actuar por falta de certeza sería un error fatal.
Aunque aún no se puede saber con exactitud cuándo se producirá un colapso total de la AMOC, cada año que pasa sin frenar el calentamiento global nos acerca peligrosamente a ese abismo.
Fuentes: Muy Interesante y 20minutos

