Home » Noticias » El cuerpo de las abejas es lo que asegura la polinización

Actualizado el domingo, 9 mayo, 2021

En el cuerpo de las abejas hay unas zonas en las que el polen permanece pegado y llega de forma segura a las flores

En el mundo hay aproximadamente 17.000 especies de abejas y el 84% de los cultivos en Europa depende de su polinización. Sin embargo, el declive de las abejas ha puesto en alerta a científicos de todo el mundo, ya que podría hacer que también desaparezcan muchas especies de plantas, afectando a nuestra alimentación. «En la Península Ibérica ya no existen algunas especies que había hace 30 años». «Si los humanos tuviéramos que hacer la polinización de las abejas nos costaría miles de millones de euros», el cual Greenpeace cifraba en 2013 en 265.000 millones de euros anuales. Por ello, se intenta promover su protección mediante medidas que se proponen.

Un estudio de la Universidad de Dusseldorf (Alemania) publicado en la revista PLOS, ofrece claves que pueden ayudar a mejorar ese proceso, revelando que el polen permanece en las partes del cuerpo de las abejas a las que las flores llegan con sus estigmas y anteras. Estas zonas del cuerpo de los insectos, llamadas «zonas de seguridad», están en la parte de arriba de la cabeza, el tórax dorsal, la cintura y el abdomen.

Para determinar esto, los investigadores realizaron un estudio desde agosto de 2013 a noviembre de 2014 y de junio a julio de 2015, con dos de las especies más comunes de abejas en Europa: la Bombus terrestris (Bélgica) y la Apis mellifera (Alemania), conocida ésta última por ser la abeja de la miel. Los científicos llevaron a cabo dos experimentos: uno sobre cómo y dónde se frotan las abejas con sus patas y el otro sobre cómo las plantas entran en contacto con las «zonas de seguridad» de estos insectos.

Para el primer caso, metieron a varias abejas Bambus terrestris en un tarro transparente de plástico con el suelo cubierto de polen y cerrado con un tapón de espuma. Los insectos, al volar, se cubrieron de polen enseguida. Después, se pasaron a un tarro limpio y se observó durante 30 minutos cómo, cuánto tiempo y en qué partes se acicalaban. Por último, se las congeló y se miró cuáles eran las “zonas seguras” en las que seguían los granos de polen.

Las zonas en las que las abejas no se quitan el polen son las que sirven como «zonas de seguridad» para transferir el polen de una planta a otra. La profesora e investigadora del Departamento de Zoología de la Universidad Complutense de Madrid, Concepción Ornosa, señala que los resultados del experimento podrían variar con otras especies. «Por ejemplo, hay familias cuyas estructuras recolectoras se hallan en el abdomen, del que las abejas extraen el polen en sus nidos», explica.

abejas

El segundo experimento consistió en meter abejas de las dos especies en una sala con flores cuyas anteras y estigmas tenían tinte amarillo. Por lo tanto, cuando una parte de la abeja entraba en contacto con la parte reproductiva de las flores, se teñía de dicho color. Posteriormente, los investigadores observaron qué áreas de las abejas estaban amarillas, indicando que habían entrado en contacto con las plantas.

Finalmente, la investigadora que lidera dicho experimento, Petra Wester, considera que debería evaluarse la “seguridad” de las zonas de las abejas que las plantas aprovechan para la polinización. Para ello, propone realizar experimentos con flores y abejas de diferentes tamaños y comparar el porcentaje de polen que permanece en las «zonas de seguridad» frente al total recolectado por la abeja.

Fuente: El País

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